martes, 25 de septiembre de 2007

Metodología del análisis semiótico

Ésta pretende ser una guía breve para el análisis semiótico. En la primera parte, se desarrollará cada uno de los pasos necesarios en forma breve. En la segunda parte, se aplicará la metodología a una narración a manera de ejemplo.
Normalización
Este primer paso es, probablemente, el más importante, ya que proporciona las líneas guías para trabajar el resto del método. Es increíble observar que este primer paso casi no es aplicado, por olvido o por considerarse innecesario.
Consiste en identificar el estado inicial y el estado final de la narración. Esta identificación no es arbitraria. Después de una lectura muy detenida del texto, se deben inferir estos dos estados. La principal característica de estos dos estados es que son totalmente opuestos. Por ejemplo, si un personaje inicia muy contento, debe terminar triste; si un personaje empieza solo, debe terminar acompañado, etc.
Después de identificar estos dos estados, hay que descubrir cuáles fueron las acciones que hicieron cambiar del estado inicial al estado final.
Programa narrativo
El programa narrativo no es más que trasladar la normalización a los signos del método semiótico.
Existen pocos signos: S1, S2, S3 y O.
El S1 representa al personaje que se hace referencia en el estado inicial y final de la normalización.
El S3 representa al personaje que realiza la acción más importante que produce el cambio entre el estado inicial y el estado final. El S1 y el S3 pueden representar al mismo personaje.
S2 es un “comodín” por si se necesita representar otro personaje. De igual forma, pueden ser utilizados S4, S5,S6...
El O es el objeto valor, identificado como posesión o no posesión en el estado final y en el estado final.
Otros signos que se utilizan son:
-> que representa la realización de una acción
=> que representa el cambio de un estado a otro
() que representa que dentro de los paréntesis está representado un cambio de estado
[] que representa que dentro de los corchetes se realiza una acción
Categorías del hacer
Se deben identificar las cuatro categorías del hacer, que son: querer hacer, saber hacer, poder hacer y deber hacer.
El querer hacer es el deseo del S3 por cambiar el estado inicial al estado final.
El saber hacer y el poder hacer se refiere a los conocimientos y capacidades físicas o mentales de S3 por realizar el cambio.
El deber hacer (hay narraciones en que no existe el deber hacer) se da si S3 tiene una obligación moral, cívica, política, religiosa, etc., por realizar la acción.
Programa narrativo canónico
Éste se refiere a expresar en otra forma lo que ya hemos dicho. Se compone de cuatro partes:
Motivación: se expresa qué motivó al S3 a realizar la acción. Puede compararse con el querer hacer.
Competencia: se refiere a la capacidad física o mental que tuvo S3 para realizar la acción. Se puede comparar con el saber hacer y poder hacer.
Realización: se refiere en sí a la acción más importante o la que realizó en mayor medida el cambio del estado inicial al estado final.
Valoración: se expresa a través del cuadrado de valores, que son ser, parecer, no ser, no parecer. El estado inicial, el estado final y todas las acciones que se identificaron en la normalización se valoran a través de este cuadrado, y se escribe la categoría a la cual pertenece.
Cuadrado semiótico
Para realizar este paso, se deben escoger dos temas íntimamente relacionados con el Objeto valor. El primer tema debe estar relacionado, además, con el estado inicial que se identificó en la normalización. El segundo tema, en consecuencia, debe ser el antónimo exacto del primero.
El recorrido del cuadrado semiótico debe comenzar, forzosamente, en la esquina superior izquierda, y desplazarse luego a la inferior derecha y, después, a la superior derecha.
Nivel axiológico
Únicamente caben en este nivel dos opciones:
  • el paso de lo eufórico a lo disfórico: significa que el paso del estado inicial al final tiene carácter negativo para S1.
  • el paso de lo disfórico a lo eufórico: el paso del estado inicial al final tiene carácter positivo para S1.
En cualquiera de los dos casos, se demuestra con una cita textual los estados inicial y final, ya sean eufóricos o disfóricos.
Nivel figurativo
Para realizar este paso, se puede hacer una lista con todas las figuras que aparecen en la narración. Las figuras son todas las cosas que se pueden ver, oír, tocar, oler o gustar; es decir, todas las cosas que pueden advertirse a través de los sentidos.
Después, agrupar todas las figuras según sus categorías: espaciales (de espacio o lugar), temporales, culturales, sociales, religiosas, individuales, etc.
Después de realizada esta lista, se puede identificar si la figura se identifica con el estado inicial o con el final.
Nivel temático
De la misma forma que el paso anterior, se puede hacer una lista con todos los temas que subyacen en la narración. Después, identificar si se relacionan con el estado inicial o con el final.
Después, habrá que agrupar las figuras y los objetos que se relacionan con el estado inicial. Luego, agrupar las figuras y los objetos que se relacionan con el estado final. Como dato importante, hay que verificar que los temas del estado final sean antónimos exactos de los temas del estado inicial.
Por último, escoger un tema general y su antónimo que englobe a todos los temas y figuras de la narración.
Las formas enunciativas
Esta parte del método se refiere a la posición en tiempo y lugar del autor de la narración, y de su “simpatía” hacia los personajes.
En los pasos anteriores, se encontraron la estructura y los significados de la narración. Esto no cambiará con este paso. Se refiere a que, dada la narración, se encontrará la forma en que el autor escogió para narrar esta historia.
El ejemplo más claro es la historia contada a través del cine. La historia que proyecta la pantalla será la misma, aunque el director haya planteado grabarla de cerca o de lejos, desde un ángulo inferior o superior, en blanco y negro o a colores. Este paso encontrará dónde está ubicada la “cámara del director”.
Para lograrlo, se identifican tres elementos: la temporalización (tratamiento del tiempo), la espacialización (tratamiento del lugar) y la actorialización (tratamiento de los personajes).
La temporalización
Se refiere a la ubicación temporal del autor de la historia. Existen dos tipos de indicios para hallar la ubicación temporal: los adverbios de tiempo (hace mucho tiempo, había una vez, en el año 3045, etc.) y la temporalidad de los verbos.
En el primero, los adverbios del tiempo, el autor los utiliza para ordenar cronológicamente su historia. Si la historia comienza con “Hace mucho tiempo”, obviamente el autor está en un presente (por ejemplo, hoy) y dice que su historia ocurrió hace muchos años. Por otro lado, si el autor inicia con “En el año 2836”, pues, está proyectando su historia hacia el futuro. Existe una estructura que ayuda a ordenar estos hechos, que se dibuja de esta manera:
Si el autor dice que la historia ocurrió “hace muchos años”, este cuadro se desplazará al pasado.
En el otro caso, se desplazará a futuro.
Este cuadro se puede ir formando paso a paso, según vaya dictando el autor. Por ejemplo, en Cien años de soledad, cuando empieza diciendo: “Muchos años después, el coronel Aureliano Buendía recordaría el día en que el circo llegó por primera vez a Macondo.” En esta estructura existen un futuro y un pasado. El autor está ubicado en un presente, que se mueve a futuro (Muchos años después) que se desplaza a su vez a un pasado (recordaría el día en que el circo llegó por primera vez).
El segundo tipo de indicios para encontrar la temporalización es la temporalidad de los verbos. Aquí hay que recordar la morfología de los verbos (presente, pretérito, futuro, condicional, imperativo, imperfecto, perfecto, compuesto, simple). Especialmente hay que distinguir entre presente, pasado y futuro, y entre perfecto e imperfecto. Se demuestra con citas los tipos de verbos que se utiliza.
NOTA: ¡OJO CON EL PRESENTE HISTÓRICO!
El presente histórico utiliza un verbo en presente para referirse a una acción en pasado o en futuro. Se llama histórico, porque es común que se utilice en los libros de Historia. Por ejemplo, En 1492 Cristóbal Colón descubre América. El verbo es presente (descubre), pero se trata de una acción del pasado. Igual ocurre con el futuro, por ejemplo, Mañana vengo a traerte. El verbo es presente (vengo), pero claramente se entiende que es una acción futura.
La espacialización
El autor se encuentra en una posición de “aquí”. Los adverbios de lugar demuestran la ubicación de la narración con respecto al autor. Si dice “En un lejano país” o “En un país de África”, denota que la posición del autor es lejana o, en el segundo caso, que no está en África.
Una clave para encontrar la espacialización es imaginar que el autor está tranquilamente en su casa, en su habitación, en un escritorio, escribiendo sobre personajes que se desplazan por distintos lugar. Los personajes se mueven, el autor no. Esta parte del análisis es la que se parece más al ejemplo del cine, donde los actores se mueven, pero la cámara no. En un ejemplo concreto, en La vuelta al mundo en ochenta días, el autor, Julio Verne, no necesariamente tuvo que ir a la par de los personajes en su viaje por todo el mundo para escribir la historia.
Existen otros indicios que muestran la ubicación del autor dentro de la narración. Por ejemplo, si dice: “Los mineros están dentro de una cueva oscura, donde no se mira nada. Ellos caminan uno tras otro.” Si el autor estuviera junto con los mineros dentro de la cueva, no podría ver nada, como él mismo lo dice. Se asegura, pues, que el autor se ubica fuera de la cueva, en donde sí puede ver algo.
Otros indicios son las descripciones. Por ejemplo, si describe que: “La ciudad se ve como un pequeño nacimiento navideño, con sus lucecitas que apenas alumbran una habitación, pero que juntas iluminan toda la ciudad.”, el autor estaría ubicado en un lugar a lo alto (por ejemplo, un mirador) al decir que se ve como un pequeño nacimiento. De la misma forma, hay que distinguir desde dónde el autor está parado (o sentado) observando la acción (como las cámaras cinematográficas).
La actorialización
Por último, la actoralización denota el tratamiento que hace el autor del personaje. Para distinguirlo, hay que identificar todos los adjetivos calificativos y las descripciones que se hace de cada personaje.
En algunas narraciones, el nombre puede ayudar para identificar este elemento. Por ejemplo, en las novelas de José Milla, donde las características morales de los personajes se identifican con su nombre (Cándido Tapalcate, Prudencio Corrientes), en las de Miguel Ángel Asturias (Cara de Ángel, María Tecún, Goyo Tatacuazín), o en las novelas del Agente 007 (Goldfinger, Doctor No).
Según este tratamiento de personajes, el autor va definiendo a los personajes. Con esto, se pueden descubrir la evolución de los personajes dentro de la narración, y su relación con la temática central de la narración.
NOTA: he utilizado la palabra “autor” en la explicación de estos pasos, para que se comprenda mejor. Pero, la palabra adecuada en Semiología es “enunciador”. Así que, a la hora del análisis, es correcto decir enunciador, y no autor.
Fuente: elaboración propia.

4 comentarios:

Ileana dijo...

Y la segunda parte donde la encuentro, en donde esta el ejemplo aplicado de toda esa metodologia? gracias

Miztica dijo...

Gracias por la informacion!..Me ha servido de mucho para un trabajo academico de la universidad..Saludos

Magda Díaz y Morales dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Magda Díaz y Morales dijo...

¿El autor fuera de la cueva? Creo que no, el autor mientras estás leyendo una novela, está durmiendo o comiendo o viajando, uno no sabe. Creo que hablas del narrador.

Y ¿S1, S2, S3 y O? ¿signos?

La semiótica estructural de Greimas es muy compleja, pero sumamente interesante.