miércoles, 21 de noviembre de 2007

PROGRAMA GENERAL

Bienvenidas y bienvenidos a todos. El presente blog fue realizado con la intención de prestar ayuda académica a los estudiantes de Letras de la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Por eso, la ayuda que les presto es que, según el catálogo de estudios de la carrera, incluí todos los contenidos mínimos de los cursos del Segundo Semestre. El listado está acá abajo, y pueden acceder a los temas directamente a través de él. No duden en incluir sus comentarios y dudas, ya que voy a estar pendiente de ellas.

L-02 Cultura Literaria. Comunicación.

1. Generalidades sobre teoría literaria.

1.1. Literatura

1.2. Géneros literarios

1.3. Clasificación de los géneros literarios

1.4. Características de la obra literaria

2. Gramática y redacción

2.1. Historia de la gramática

2.2. Redacción

3. Historia del castellano. (I) (II)

4. Los movimientos literarios

5. La lingüística

6. La semiología

6.1. Método semiológico

7. Teoría de la comunicación

7.1. Comunicación

L-4.1 Literatura Europea y española de la Edad Media.

Contexto general

La épica castellana en el contexto de la épica europea.

La novela caballeresca.

La lírica: orígenes características y formas de expansión.

Primeros poetas líricos en castellano.

Nacimiento del teatro medieval.

El relato en la España Medieval.

L-4.3 Literatura española del Siglo de Oro.

Deslinde entre lo clásico y la manierista y lo barroco

La poesía española de Fray Luis de León a Góngora y Quevedo.

Evolución de la picaresca en el siglo XVII.

El Quijote: valoración e influjo.

El teatro español de López a Calderón.

L-1.3 Gramática Descriptiva.

Lingüística y gramática.

Niveles de la lengua Gramática.

Morfológica.

Clasificación de las palabras.

Sintaxis.

L-3.2 Teoría de la Poesía y del Ensayo Literario.

Conceptos básicos sobre el análisis estilístico, estructural, sociológico y psicoanalítico de la poesía.

Característica del ensayo literario.

L-1.7 Historia del Español.

La fragmentación del latín coloquial.

Las lenguas romances.

Orígenes del castellano.

El castellano medieval.

El castellano, lengua nacional.

El español en los siglos XVIII, XIX y XX.

Análisis particular del español en América y en Guatemala.

L-5.2 Literatura Hispanoamericana de la Colonia.

Siglos XVI, XVII y XVIII (con énfasis en Guatemala).

Las crónicas.

Estudio particular de la obra de Bernal Díaz del Castillo.

Panorama general de la Literatura Hispanoamericana durante la colonia.

Evolución de la letra en Guatemala durante la colonia; análisis crítico.

Estudio particular de la Rusticatico Mexicana.

L-4.5 Narrativa y Teatro Europeos y españoles del Siglo XX.

La crisis de las artes en Europa

Transformaciones de la narrativa y el teatro.

Peculiaridades y etapas de la narrativa y el teatro en la España del siglo XX.

L-4.6 Poesía española del siglo XX.

La generación del 98.

La generación del 27.

La generación de la post-guerra.

L-4.7 Teatro Español e Hispanoamericano, siglos XIX y XX.

Evolución del teatro hacia nuevas modalidades; de Zorilla a García Lorca.

El teatro hacia nuevas modalidades; de repercusiones de su teatro.

El teatro en España e Hispanoamericana en relación con al evolución universal del género.

Vitalización del teatro hispanoamericano en la segunda mitad del siglo XX.

L-5.5 Poesía Hispanoamericana, siglos XX.

El post modernismo.

Las vanguardias.

La obra de Borges.

Huidobro, Paz, Vallejo, Neruda.

La poesía negrista.

La poesía social.

La postvanguardia.

La antípoesia convencional de dimensión colectiva (Ernesto Cardenal).

L7.1 Narrativa europea y estadounidense siglo XX

L-5.8 Narrativa Hispanoamericana, siglo XX.

El criollismo.

Evolución del relato a partir de los años 30; Borges, Onetti, Yañez, Asturias, Rulfo.

La experimentación y búsqueda; los narradores de los años 60; el relato iconoclasta (Agustín Puig Sarduy, Adou, Sainz, etc).

L3.5. Taller de Crítica

Tipos de crítica

Crítica literaria en Guatemala

L3.6. Literatura Guatemalteca, siglo XX.

Generaciones, tendencias y grupos.

Evolución de la lírica.

Renovación del relato.

Renacimiento del teatro

Sintaxis

La sintaxis, una subdisciplina de la lingüística y parte importante del análisis gramatical, se encarga del estudio de las reglas que gobiernan la combinatoria de constituyentes y la formación de unidades superiores a estos, como los sintagmas y oraciones.
La sintaxis, por tanto, estudia las formas en que se combinan las palabras, así como las relaciones sintagmáticas y paradigmáticas existentes entre ellas.
Sintaxis bloomfieldiana La sintaxis, para Leonard Bloomfield, era el estudio de formas libres compuestas completamente por formas libres. Central a esta teoría de la sintaxis eran las nociones de clases de forma (form classes) y estructura constituyente. (Estas nociones eran también relevantes, aunque menos centrales, en la teoría de la morfología.) Bloomfield definió clases de forma más bien de manera imprecisa, en términos de algún "rasgo fonético o gramático reconocible" común y compartido por todos lo miembros. Dio como ejemplos las clases de forma que consisten en “expresiones substantivas personales” de la lengua inglesa (definidas como “las formas que, cuando están expresadas con tono exclamatorio final, constituyen requerimientos (llamadas) de la presencia o la atención de una persona”: por ejemplo, "John," "Boy," "Mr. Smith"); las clases de forma que consisten en “expresiones infinitivas” (definidas como "formas que, cuando están expresadas con tono exclamatorio final, tienen el significado de una orden": por ejemplo, "run," "jump," "come here"); las clases de la forma de “expresiones sustantivas nominativas” (por ejemplo: "John," "the boys") y así sucesivamente. Debe estar claro, a partir de estos ejemplos, que las clases de forma son similares, aunque no idénticas, a las partes del discurso tradicionales y que una misma forma puede pertenecer a más de una clase de forma.
Sintaxis generativa El actual paradigma en la disciplina es la gramática generativa, de cuyas formas se destaca la gramática generativo transformacional que se centra en el análisis de la sintaxis como constituyente primitivo y fundamental del lenguaje natural.
La gramática generativa no centra su investigación en la descripción de oraciones, sino en cómo la mente humana logra generarlas e interpretarlas a través de un sistema mínimo e intencional. El objetivo fundamental de la gramática generativa es el diseño de un dispositivo formal capaz de explicar la generación de todas las oraciones de las lenguas humanas.
En la práctica, la descripción estructural de las oraciones suele realizarse a través de corchetamiento o de diagramas arboreos. Ambos esquemas reflejan la jerarquía estructural de los constituyentes de la oración, a la vez que justifican (especialmente en el actual Programa minimalista) el orden lineal de las palabras.
La clásica distinción de diferentes categorías sintácticas no suele ser rescatada la mayoría de las escuelas generativistas (LFG considera que las funciones sintácticas son primitivos de la sintaxis). Esto se debe a que se considera a tal análisis meramente descriptivista y taxonómico. Casi todas las corrientes generativistas operan con los diferentes tipos de sintagmas que permiten los núcleos léxicos y funcionales de cada lengua.
Sintaxis funcionalista Los estudios de gramática funcional están orientados a explicar cómo el lenguaje humano se ha desarrollado como herramienta comunicativa. Por tanto, se supone que la sintaxis (y el resto de los componentes lingüísticos) deben reflejar cierta funcionalidad comunicativa en su diseño.
La Gramática sistémico funcional de Michael Halliday y la Gramática del papel y la referencia de Robert Van Valin son muestras de este tipo de orientación lingüística.
Teoría general Para diversos autores, tanto funcionalistas como generativistas, la sintaxis opera mediante operaciones binarias de combinación de dos elementos funcionalmente diferentes. Así todas las lenguas contarían con una operación binaria del tipo en que cualquier unidad sintáctica no-simple es descomponible en dos partes, cada una de ellas, en principio con diferentes funcionales y estructura.

Morfología

La morfología ( < griego μορφ-, morph ['forma'] + λογία logía ['tratado']) es la rama de la lingüística que estudia la estructura interna de las palabras para delimitar, definir y clasificar sus unidades, las clases de palabras a las que da lugar (morfología flexiva) y la formación de nuevas palabras (morfología léxica). La palabra 'morfología' fue introducida en el siglo XIX.
La morfología como disciplina lingüística El término morfología proviene del griego μορφ-, morph ('forma') y λογία logía ('tratado', 'ciencia'); así, el todo significa literalmente 'ciencia (o estudio) de la forma'. En efecto, se habla de la morfología de las plantas, de la morfología de los seres vivos, de la morfología del relieve terrestre, etc. Pero en lingüística, este término ha adquirido un significado especializado: 'estudio de las formas de las palabras' y, por extensión, 'estudio de la palabra'. Aunque también se deba hablar de la forma de los sintagmas y/o de las frases, el término morfología no se aplica a estos últimos; es la palabra, y solamente la palabra, lo que constituye el objeto de la morfología lingüística de acuerdo a un uso general.
Definición de morfología Por otra parte, la morfología lingüística no se limita solamente a la forma de las palabras: se ocupa tanto de su significado (aun cuando no es tanto el significado de una palabra en su totalidad lo que le interesa a la morfología) como de su combinatoria. Podemos entonces apoyar la tesis siguiente, generalmente aceptada en lingüística moderna:
La morfología es la rama de la lingüística que se ocupa de la palabra bajo todos los aspectos pertinentes.
Como podemos ver, el sentido que se le da a este término en lingüística está muy alejado de su sentido etimológico. Sin embargo, está universalmente aceptado, y es el se adopta en este artículo.
Distinción entre morfología y sintaxis La descripción gramatical de todas las lenguas del mundo se divide, por convención, en dos secciones: morfología y sintaxis. La relación entre las dos es la siguiente:
La morfología explica la estructura interna de las palabras mientras que la sintaxis describe cómo las palabras se combinan para formar sintagmas, oraciones y frases.
Definición de morfema Una definición clásica de morfema (llamado formante o monema por otros autores) la define como la unidad mínima significativa de la primera articulación o división del signo lingüístico: la palabra. Así pues, una palabra está constituida generalmente por dos clases de morfemas: los lexemas y los gramemas (ó morfemas gramaticales.)
Más informalmente podemos decir que un morfema es una clase de equivalencia de secuencias de fonemas o de alteraciones sistemáticas de la forma fonológica de una palabra para expresar alguna relación gramatical o cambio de sentido de modo sistemático. La realización concreta de un morfema se denomina morfo (y un morfema es un conjunto de morfos de función equivalente). En la mayoría de lenguas los morfos suelen tomar la forma de afijos (sufijos, prefijos y más raramente infijos), aunque también existe alteraciones de la raíz como alargamientos, cambios de tono, reduplicaciones, relaciones paradigmáticas y otros procedimientos abstractos. Cuando los morfos son afijos resulta casi siempre posible segmentar una palabra en sus formantes básicos, aunque en lenguas donde los morfos se realizan también por procedimientos ajenos a la afijación esto puede resultar imposible.
Lexemas (Morfemas léxicos) En todas las lenguas con independencia de procedimientos morfológicos que posea, podemos identificar en una palabra un morfo básico una secuencia de fonemas básica que define el campo semántico y en ocasiones hasta el significado referencial de la palabra o expresión. Esta unidad básica sobre la que se añaden otros morfemas se llama lexema o raíz.
Este lexema es técnicamente un morfo pero al ser el único integrante de su clase de equivalencia, lo podemos clasificar igualmene como morfema. En muchas lenguas constituyen casi siempre la única parte invariable, autónoma y de significado referencial más concreto. En lenguas que además de afijación y adición de desinencias tienen otros procedimientos morfológicos la forma básica del lexema puede no ser unívocamente determinable. En la mayoría de las lenguas el lexema es una secuencia fija de unos pocos fonemas que no varía por más que se añadan nuevos morfos a esa secuencia para crear significados derivados. Sin embargo, en lenguas con morfos que no son afijos, como las lenguas semíticas, los lexemas son "esqueletos" de 2 o 3 consonantes entre las cuales se insertan vocales. Estas vocales entran en forma de esquemas pradigmáticos y son un ejemplo de morfo dicontinuo (en este tipo de lenguas los lexemas también son de hecho discontinuos, es decir, no forman una secuencia de fonemas consecutivos).
Los lexemas forman la mayor parte del léxico de una lengua, su número es siempre muy superior al de gramemas, y en principio se considera una clase abierta. Es decir, forman un conjunto susceptible de ser ampliada con nuevos préstamos léxicos u otros precedimientos creativos para designar nuevos conceptos o realidades.
niñas lexema: niñ
utilizar lexema: util
Gramemas (Morfemas gramaticales) Los morfemas gramaticales son las unidades que constituyen la parte variable de la palabra y son las responsables expresar relaciones gramaticales y que no alteran el significado referencial básico de una palabra. Usualmente no son autónomos y su aparición no es facultativa sino que está sujeta a restricciones gramaticales. Estos morfemas expresan relaciones o accidentes gramaticales como:
Número gramatical
Género gramatical
Caso gramatical
Tiempo verbal
Gramemas derivativos También llamados afijos, son formantes facultativos son las responsables de formar de significados composicionales y conceptos derivados del significado básico. Algunos ejemplos de esto:
Deverbativos, que permiten designar al agente, paciente, tema o lugar frecuente, etc ... de una acción verbal.
Verbalizadores, que permiten designar acciones verbales relacionadas con objetos o lexemas que designan entes concretos, etc.
Derivativos nominales, que permiten expresar relaciones semánticas sistemáticas entre dos tipos de referentes.
Derivativos verbales, que permiten construir predicaciones verbales a partir del significado de predicaciones verbales más primitivas o simples.
En español los gramemas suelen ser átonos, salvo los sufijos que suelen provocar desplazamiento del acento tónico. Como en los siguientes ejemlos:
aniñados morfema derivativo: a-
inutilizable morfemas derivativos: in-, -able
Según su posición respecto al lexema, se distinguen tres tipos de morfemas gramaticales derivativos:
Sufijos: Van después del radical o lexema y antes de los morfemas dependientes gramaticales. Pueden cambiar la categoría gramatical de la palabra o el género de los sustantivos y son tónicos, es decir, cargan con el acento de la palabra.
repetible sufijo: -able, transforma un verbo en adjetivo
tranquilamente sufijo: -mente, transforma un adjetivo en adverbio
casón sufijo: -on, transforma el género del sustantivo casa.
Prefijos: Preceden al radical o lexema. Son átonos y poseen significado. Si cargan con acento son en realidad prefijoides o prefijos cercanos a los lexemas.
infranqueable prefijo: in-, significado de negación o privación
monosilábico prefijoide: mono-, significado de único o uno solo
infijos o interfijos: Se colocan entre los prefijos y sufijos para evitar la cacofonía entre dos sonidos y las homonimias. Son átonos y no poseen significado. Muchos de ellos funcionaron también como sufijos pero quedaron sin significado perceptible.
Gramemas flexivos Son formantes constitutivos que ocupan siempre la posición final de la palabra y la información que ofrecen es de tipo gramatical, como el género, el número, la persona, el modo, etc.
niños morfemas flexivos: -o, género masculino
-s, número plural
Morfemas libres o independientes Existe otra clase de morfemas denominados morfemas libres o independientes que no van unidos a ningún lexema pero confieren de significación gramatical a las palabras con las que se asocian. Los determinantes, las preposiciones y las conjunciones puede actuar como morfemas libres. Casi todos ellos son átonos. Por ejemplo, el artículo hace de morfema flexivo para el sustantivo.
Morfos de un morfema Los alomorfos son las diferentes realizaciones fónicas de un determinado morfema. Por ejemplo, en español el plural puede realizarse como -s o -es, estas dos formas son por tanto alomorfos del morfema de número plural del español. También son alomorfos: -ble y -bil como en imposible e imposibilidad o nece- y neci como en necio y necedad.
Morfo cero Un tipo de morfo intersante es aquél que no tiene realización fonémica audible. La consideración de esta ausencia de contenido fónico como una relación, con frecuencia ayuda a hacer más sencillo y sistemático el análisis morfológico, ya que el hecho de que un determinado morfema no tenga realización fónica no impide considerarlo un miembro de pleno derecho de la clase de equivalencia que forma el morfema sobre la base de relaciones paradigmáticas sistemáticas.
Un ejemplo de esto lo encontramos en español en la palabra atlas. Aquí el morfema de número no está presente, y esa es precisamente la razón por la cual el número es singular.
Véase también:
Flexión
Caso

Gramática

Gramática es el estudio de las reglas y principios que regulan el uso del lenguaje a nivel intraoracional (dentro de la oración). También se denomina así al conjunto de reglas y principios que gobiernan el uso de un lenguaje determinado, por lo que puede decirse que cada lenguaje tiene su propia gramática.
La gramática es parte del estudio general del lenguaje denominado lingüística. Clásicamente el estudio de la lengua se divide en cuatro niveles:
Nivel fonético-fonológico.
Nivel sintáctico-morfológico.
Nivel léxico-semántico.
Nivel pragmático.
A veces se restringe el uso del término gramática a las reglas y principios que definen el segundo de estos niveles. Sin embargo, la separación de los niveles no es totalmente nítida porque ciertas reglas gramaticales se realizan en el nivel fonético-fonológico e igualmente existen parámetros o criterios semánticos que sirven para decidir cuando una determinada construcción es agramatical.
Tipos de gramática Entre los principales tipos de gramática o enfoques en el estudio de la gramática se encuentran:
La gramática prescriptiva es la que presenta autoritariamente normas de uso para un lenguaje específico, tendiendo a despreciar las construcciones no estandarizadas. La gramática tradicional es típicamente prescriptiva. Este tipo de gramática está basada usualmente en el dialecto de prestigio de una comunidad hablante, y condena a menudo ciertas construcciones que son comunes entre los grupos socioecómicos bajos y que comienzan a usarse en grupos sociales más altos en función de emular el comportamiento de aquellos. Aunque la gramática prescriptiva aún suele utilizarse en pedagogía y en la enseñanza de lenguas extranjeras, ha perdido peso en la lingüística académica moderna, y actualmente describe solamente un subconjunto del uso de la lengua.
La gramática descriptiva intenta describir el uso actual de una lengua, evitando juzgar en forma prescriptiva. Se vincula a una determinada comunidad hablante y pretende proveer reglas de uso para cualquier palabra considerada gramáticamente correcta en esa comunidad.
La gramática tradicional es la colección de ideas acerca de la gramática que las sociedades occidentales han heredado de Grecia y Roma. La gramática prescriptiva es formulada usualmente en términos de los conceptos descriptivos heredados de la gramática tradicional. La gramática descriptiva moderna apunta a corregir los errores de la gramática tradicional, y generaliza su normativa restrictiva para evitar circunscribir los lenguajes al modelo del latín.
La gramática funcional, es una visión general sobre la organización del lenguaje natural, formulada por Simon Dik, que contempla tres normas básicas de adecuación: la tipológica, que implica la aplicación de reglas a cualquier lengua, la pragmática, que promueve la aplicación de los enunciados a la interacción en la comunicación, y la psicológica, por la que trata de ser compatible con los mecanismos psicológicos involucrados en el procesamiento de un lenguaje natural. [1]
La gramática generativa es una gramática formal que puede en algunos sentidos generar las expresiones bien construidas de un lenguaje natural .Una rama de la teoría lingüística (psicolingüística) se basa en la gramática generativa, promovida por Noam Chomsky.
La gramática formal es una gramática precisa y definida, típicamente usada para el lenguaje de programación de una computadora.
Historia de la teoría gramatical
Gramática del hebreo por Judah Monis, publicada por primera vez en 1735 para los alumnos de HarvardLa gramática ha evolucionado a través del uso y la división de las poblaciones humanas y las reglas sobre el uso del lenguaje tendieron a aparecer con el advenimiento de la escritura. La gramática formal es una codificación del uso desarrollada en base a la observación. Al establecerse y desarrollarse las reglas, pudo aparecer el concepto prescriptivo, que a menudo creó una brecha entre el uso contemporáneo y lo aceptado como correcto. Los lingüistas consideran normalmente que la gramática prescriptiva no tiene justificación alguna más allá del gusto estético de sus autores. De cualquier forma, las prescripciones permiten a la sociolingüística explicar las razones por las que un determinado grupo social utiliza construcciones diferenciales.
El estudio formal de la gramática es una parte importante de la educación desde la edad temprana hasta el aprendizaje avanzado, aunque las reglas que se enseñan en las escuelas no constituyen una gramática en el sentido en que los lingüistas utilizan el término, ya que son prescriptivas antes que descriptivas.
Los lenguajes construidos son muy comunes en la actualidad. Muchos -como el esperanto- fueron diseñados para ayudar en la comunicación humana, o el lojban, altamente compatible con lenguajes artificiales. También se han creado lenguajes como parte de un mundo de ficción (como el klingon y el quenya), y cada uno de ellos tiene su propia gramática.

Teatro romántico

El teatro neoclásico no logró calar en los gustos de los españoles. A comienzos del siglo XIX seguían aplaudiéndose las obras del Siglo de Oro. Estas obras eran despreciadas por los neoclásicos por no sujetarse a la regla de las tres unidades (acción, lugar y tiempo) y mezclar lo cómico con lo dramático. Sin embargo aquellas obras atraían fuera de España, precisamente por no sujetarse al ideal que defendían los neoclásicos.
El Romanticismo triunfa en el teatro español con La conjuración de Venecia, de Francisco Martínez de la Rosa; El Trovador, de Antonio García Gutiérrez; Los amantes de Teruel, de Juan Eugenio Hartzenbusch; pero el año clave es 1835, cuando se estrena Don Álvaro o la fuerza del sino, del Duque de Rivas (1791-1865). Lo más cultivado es el drama. Todas las obras contienen elementos líricos, dramáticos y novelescos. Impera en el teatro la libertad en todos los aspectos:
Estructura: La regla de las tres unidades, impuesta en la Ilustración desaparece. Los dramas, por ejemplo, suelen tener cinco actos en verso, o en prosa y en verso mezclados, con métrica variada. Si en las obras neoclásicas las acotaciones escénicas no se aceptaban, esto no sucede durante el Romanticismo, pues las acotaciones son abundantes. El monólogo cobra nuevamente fuerza, por ser el mejor medio para expresar las luchas internas de los personajes.
Escenarios: La acción teatral gana dinamismo al utilizarse variedad de lugares en una misma representación. Los autores basan sus obras en lugares típicos del romanticismo, como cementerios, ruinas, paisajes solitarios, prisiones, etc. La naturaleza se muestra acorde con los sentimientos y estados de ánimo de los personajes.
Temática: El teatro romántico prefiere los temas legendarios, aventureros, caballerescos o histórico-nacionales, con el amor y la libertad como estandarte. Abundan las escenas nocturnas, los desafíos, personajes encubiertos y misteriosos, suicidios, muestras de gallardía o de cinismo. Los acontecimientos se suceden de forma vertiginosa. En cuanto al fondo de las obras, no aspira a aleccionar, como pretendían los neoclásicos en sus obras, sino a conmover.
Personajes: El número de personajes aumenta en las obras. El héroe masculino suele ser misterioso y valiente. La heroína es inocente y fiel, con una pasión intensa. Pero ambos están marcados por un destino fatal. La muerte es la liberación. Se da más importancia al dinamismo de las acciones que al análisis de la psicología de los personajes.
Ángel de Saavedra, duque de Rivas
Ángel de Saavedra, duque de RivasArtículo principal: Duque de Rivas
Ángel de Saavedra y Ramírez de Baquedano (Córdoba, 1791 † Madrid, 1865). Luchó contra la invasión francesa y, en política, actuó como progresista exaltado. Por ello fue condenado a muerte, aunque consiguió escapar.
En Malta conoció a un crítico inglés, que le hizo valorar el teatro clásico y lo convirtió al Romanticismo. Vivió en Francia durante su destierro, y regresó a España diez años más tarde, en 1834. Si, cuando salió de España, Ángel de Saavedra se consideraba como un neoclásico liberal, cuando regresó a España ya era romántico conservador.
Desempeñó importantes cargos públicos. Como la mayoría de los escritores de su época, comenzó adoptando la estética neoclásica en el género lírico (Poesías, 1874) y el género dramático (Lanuza, 1822). Su incorporación al Romanticismo fue progresiva y puede apreciarse en poemas como El desterrado. En Romances históricos hace plena su conversión.
La fama de Rivas se funda en Leyendas, pero sobre todo en Don Álvaro o la fuerza del sino, el cual se estrenó en el Teatro del Príncipe (actual Teatro Español) de Madrid en 1835, ante unos mil trescientos asistentes, que presenciaron el primer drama romántico español, con tantas novedades como la combinación de la prosa y el verso.
José Zorrilla
José ZorrillaArtículo principal: José Zorrilla
Nació en Valladolid, 1817 y murió en Madrid, en 1893. Inició su carrera literaria leyendo unos versos en el entierro de Larra, con los que ganó gran fama. Contrajo matrimonio con una viuda dieciséis años mayor que él, pero fracasó y, huyendo de ella, marcha a Francia y después a México en 1855, donde el emperador Maximiliano lo nombró director del Teatro Nacional. Al regresar a España en 1866 fue acogido con entusiasmo. Volvió a casarse y, con constantes penurias monetarias, no tuvo más remedio que malvender sus obras, como Don Juan Tenorio. Las Cortes le otorgaron una pensión en 1886.
Obra
La trayectoria literaria de Zorrilla es prolífica. Su poesía alcanza el cenit con Leyendas, que son pequeños dramas contados como narraciones en verso. Las más importantes de sus leyendas son Margarita la Tornera y A buen juez, mejor testigo.
Sin embargo, su reconocimiento se debe más a sus obras dramáticas. De sus dramas destacan El zapatero y el rey, sobre la muerte del rey don Pedro; Traidor, inconfeso y mártir, acerca del famoso pastelero de Madrigal, que se hizo pasar por don Sebastián, rey de Portugal; Don Juan Tenorio (1844), la más famosa de sus obras, se representa como una tradición en muchas ciudades de España a principios de noviembre. Trata el tema del célebre burlador de Sevilla, escrito antes por Tirso de Molina (siglo XVII) y por otros autores nacionales y extranjeros.
Otros Autores
Martínez de la RosaFrancisco Martínez de la Rosa, escritor de transición
Artículo principal: Francisco Martínez de la Rosa
Martínez de la Rosa (1787 † 1862), nació en Granada. Como político intervino fervientemente en las Cortes de Cádiz. Por sus ideales liberales, sufrió pena de prisión. Emigró a Francia y es nombrado jefe del Gobierno en 1833 al regresar a España. Su política de "justo medio" fracasó entre los extremismos de la izquierda y de la derecha. Sus contemporáneos le apodaron "Rosita la pastelera", aunque hubiese padecido cárcel, destierro y atentados en su lucha por la ansiada libertad.
Sus primeras obras están impregnadas de neoclasicismo, como La niña en casa y la madre en la máscara. Más tarde, al practicar el "justo medio", adoptando la nueva estética latente, escribió sus obras más importantes: Aben Humeya y La conjuración de Venecia.
Antonio García Gutiérrez
Artículo principal: Antonio García Gutiérrez
Nació en Chiclana, Cádiz, en 1813 y murió en Madrid, en 1884. De familia artesana, se dedicó a las letras y, escaso de recursos, se alistó en el ejército. En 1836 estrenó El trovador, obra que entusiasmó al público, pues le obligó a saludar desde el escenario, inaugurando en España una costumbre vigente en Francia. Gracias a sus éxitos pudo salir de la penuria económica con la que vivía. Al estallar la "Gloriosa", se unió a los revolucionarios, con un himno contra los Borbones que obtuvo una gran popularidad.
HartzenbuschJuan Eugenio Hartzenbusch
Artículo principal: Juan Eugenio Hartzenbusch
Nació y murió en Madrid (1806-1880). Hijo de un ebanista alemán y de madre andaluza, en principio se dedicó a la profesión paterna, más consagrado al teatro, obtuvo un rotundo éxito con su obra más famosa, Los amantes de Teruel (1837). Continuó publicando cuentos, poemas y artículos de costumbre.
Manuel Bretón de los Herreros
Artículo principal: Bretón de los Herreros
Nació en Quel, La Rioja, en 1796 y murió en Madrid, en 1873. Comenzó sus andanzas literarias muy joven, con obras como A la vejez viruelas, Muérete y verás y El pelo de la dehesa. Satirizó el Romanticismo, aunque algunos rasgos se filtran en algunas comedias, como Muérete y verás.

La generación de la post-guerra

Se puede considerar la poesía española como contemporánea a partir de la segunda mitad del siglo XX, ya desligada de la literatura de postguerra. Alrededor de año 1960 comenzó a surgir una nueva generación joven de poetas y creadores cuyos cánones estilísticos se diferenciaban de los de sus compañeros precedentes.
Los Novísimos y sus coetáneos Como reacción a la “poesía social” apareció a finales de los años 60 un nutrido grupo de poetas que denotaban en sus textos gran formalismo, metapoesía, culturalismo e interés por la cultura de masas (cine, cómic, música pop, mitos literarios, políticos…). De todos ellos, Josep Maria Castellet eligió a varios para su antología Nueve novísimos poetas españoles. Fue un verdadero cambio y también supuso una gran polémica en cuanto al criterio de selección y a la forma de entender la poesía. Los nueve novísimos eran: Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Martínez Sarrión, José María Álvarez, Félix de Azúa, Pere Gimferrer, Vicente Molina Foix, Guillermo Carnero, Ana María Moix y Leopoldo María Panero.
Pere Gimferrer a los veinte años consigue el Premio Nacional de Literatura con Arde el mar, el título que simboliza en mayor medida a esta generación. En 1970 abandonó la escritura en castellano, que ha retomado recientemente con libros como Amor en vilo. Su “Oda a Venecia ante el mar de los teatros” inauguró la estética veneciana. La muerte en Beverly Hills recrea paisajes emocionales mediante la imaginería del mundo cinematográfico.
De Guillermo Carnero destaca su visión personal del amor y el cultivo de la metapoesía, además del gusto por formas métricas clásicas. José María Álvarez ha publicado un único título, Museo de Cera, que ha ido ampliando en siete nuevas ediciones. La poesía social de sus comienzos pasa a un cierto decandentismo culturalista en sus últimas entregas. Leopoldo María Panero se configura como “poeta maldito” desde la producción del documental El desencanto por Jaime Chávarri, malditismo que se acentuaría, junto a un empeoramiento de su estado de salud, hasta llegar a la publicación de Poemas del manicomio de Mondragón. El resto de miembros de la antología se dedicaron más tarde a la narrativa excepto en el caso de Manuel Vázquez Montalbán, que durante unos años siguió escribiendo poesía, de un marcado carácter social, y novela.
De los que no aparecieron en la Antología pero se unieron a su estética destacan Antonio Colinas, Luis Alberto de Cuenca, Luis Antonio de Villena y Jaime Siles.
Luis Alberto de Cuenca es un caso muy particular. Desde una postura cercana a la “novísima” por su culturalismo (Scholia), evoluciona hacia una poesía realista, de temas cotidianos, delicadas emociones y fino sentido del humor. (La caja de plata, El otro sueño). Luis Antonio de Villena recrea en sus primeros libros un mundo mítico basado en la cultura clásica y bizantina (El viaje a Bizancio), aunque en títulos posteriores se ha acercado más al prosaísmo (Los gatos príncipes). Jaime Siles ha publicado libros muy diversos, desde los que se acercan a la poesía pura y visionaria (Canon) como a los que lo hacen a una más formalista y clásica pero también más cercana a la realidad (Semáforos, semáforos).
José Miguel Ullán destaca en la línea de la poesía visual (De un caminante enfermo que se enamoró donde fue hospedado) y Juan Luis Panero combina el culturalismo con el intimismo. Jenaro Talens y Aníbal Nuñez (autor de Cuarzo) son también poetas destacados que reflexionan sobre temas clásicos de la poesía como el amor, la soledad y la muerte.
Cultivando una poesía más clásica en forma y fondo se encuentran Antonio Carvajal, Miguel d'Ors y Eloy Sánchez Rosillo. Carvajal, autor de Tigres en el jardín, es partidario de un lenguaje barroco que sin embargo no comulga con los postulados novísimos; busca el esteticismo y para ello se vale de metáforas y formas clásicas como el soneto. D’Ors se caracteriza por una lírica humanizada e intimista a la que añade su particular visión de la existencia y una fina ironía; es autor de Curso superior de ignorancia y Hacia otra luz más pura. En Sánchez Rosillo, ganador del Premio Adonáis con Maneras de estar solo (1977), se presentan simultáneamente los tonos celebrativo y elegiaco, con predominio del segundo; trata de forma grave los mayores temas existenciales; es también autor de Elegías, Autorretratos y La certeza, Premio de la Crítica.
Años ochenta: poesía figurativa, poesía metafísica, irracionalismo Como reacción al culturalismo, un grupo de poetas escribe en Granada el manifiesto La otra sentimentalidad, que reivindica una poesía realista, con un léxico sencillo, situaciones cotidianas y búsqueda de la emoción. De entre sus redactores sobresalen Álvaro Salvador y Luis García Montero. Los modelos de esta promoción hay que buscarlos en los poetas del 50, especialmente en Jaime Gil de Biedma, Ángel González y Francisco Brines.
Luis García Montero se ha convertido en el mayor representante de esta corriente de poesía llamada “poesía de la experiencia”. Ganó el Premio Adonáis con El jardín extranjero (1982), libro al que siguieron Diario cómplice (1988), Las flores del frío (1991), Habitaciones separadas (1994), Completamente viernes (1999) y La intimidad de la serpiente (2003), con los que cosechó el Premio Nacional de Literatura, el Premio de la Crítica, o el Premio Loewe. La mayor parte de sus poemas son de tema amoroso, especialmente en escenarios nocturnos, aunque también abundan los de reflexión existencial.
Felipe Benítez Reyes es otro representante destacado de este grupo. Sus temas preferidos, además del amoroso, son la memoria, el paso del tiempo y la propia literatura. Es autor de, entre otros, Los vanos mundos y Vidas improbables, ganador del Premio de la Crítica y del Premio Loewe. Jon Juaristi (Bilbao, 1951) se aleja levemente de estos planteamientos, ya que en él predomina un tono melancólico y desengañado ante la realidad y ante él mismo, cubierto con una sutil ironía. Destaca su reinterpretación de los clásicos y su preocupación por el problema vasco. Es autor de obras como Diario de un poeta recién cansado o Tiempo desapacible.
Como lo es Carlos Marzal, cuyo reconocimiento llegó algo más tarde que sus dos predecesores. Con Metales Pesados (2001) ganó el Premio de la Crítica y en el 2002 ganó el Premio Nacional de Literatura por el mismo poemario. Marzal, desde una poesía realista, escéptica e irónica, meditativa sobre el amor o la amistad (La vida de frontera), pasa, sin embargo, a una menos figurativa y más cuidada.
Otros autores cercanos a estos planteamientos son Francisco Bejarano, José Mateos, Javier Salvago, Abelardo Linares, Juan Lamillar y José Antonio Mesa Toré, andaluces todos ellos, que hablan del amor y la nostalgia con lenguaje sencillo y directo y con métrica tradicional. Poeta intimista y amigo de las formas es Justo Navarro.
Andrés Trapiello, en poemarios como La vida fácil, defiende una poesía tradicional, de tono sereno y basada en moldes como Unamuno o los Machado. También leonés, Julio Llamazares se encuentra a medio camino entre un simbolismo y una serenidad similar a la de Trapiello, y una nueva poesía épica del mundo rural de Castilla, que recuerda a la intrahistoria.
En cuanto a poesía épica, destacan los nombres de Julio Martínez Mesanza, Julio Llamazares y Juan Carlos Suñén. En ambos domina el trasfondo moral. Mesanza, a través de endecasílabos, recrea en su poemario Europa los temas de la valentía y el honor, con escenarios clásicos o medievales pero con un reflejo en la vida moderna. Suñén es autor de Un hombre no debe ser recordado, Premio Rey Juan Carlos.
Surge asimismo una corriente de poesía enmarcada en el irracionalismo, alejada de los postulados de la poesía de la experiencia. Dentro de este grupo destacan poetas como el leonés Juan Carlos Mestre, autor de poemarios como Antífona de otoño en el valle del Bierzo, premio Adonais, La poesía ha caído en desgracia o En la tumba de Keats; o Blanca Andreu, ganadora del Adonais con De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall, poemario que justifica su neosurrealismo y su postura irracional con las constantes alusiones a la droga. Otro lugar importante lo ocupa Fernando Beltrán, cuyo "Aquelarre en Madrid", accésit del premio Adonais el año que lo gana Luis García Montero, supone un claro ejemplo de poesía rupturista con el pasado culturalista y una apuesta por la vanguardia poética. Posteriormente su poesía se orientará también por el lado social, aunque sin abandonar nunca un cierto irracionalismo y surrealismo. Otros nombres asociados a la corriente irracionalista son Luisa Castro, Esperanza López Parada, Amalia Iglesias o Ángel Petisme.
Otra corriente sería la poesía metafísica o del silencio, representada por autores como Miguel Casado, Andrés Sánchez Robayna, Álvaro Valverde, Vicente Valero, Olvido García Valdés y Ada Salas, que defienden una poesía minimalista en la que cobran suma importancia los espacios entre palabras. Aunque es difícil encontrar grandes semejanzas en sus planteamientos, suele agrupárseles por no pertenecer a la corriente dominante.
Es notable la proliferación de poemarios sobre el erotismo desde un punto de vista femenino, escritos por autoras como Ana Rosetti (Los devaneos de Erato), Almudena Guzmán (Poema de Lida Sal, Usted, Calendario, El príncipe rojo) o Aurora Luque (Hiperiónida, Problemas de doblaje, Camaradas de Ícaro).
Años noventa: más allá de realismo y metafísica Algunos poetas tienden a una cierta conciliación de posturas, en la que se incluyen poetas como Jorge Riechmann, los últimos libros de Carlos Marzal y Vicente Gallego. Riechmann evoluciona desde una poesía metafísica y hermética (Cántico de la erosión) hasta una comprometida con la sociedad (El día que dejé de leer El País). Gallego comenzó con un periodo reflexivo (La luz, de otra manera) al que fue incorporado meditaciones sobre la vida actual y las relaciones de pareja (La plata de los días). Fernando Beltrán, tras su manifiesto en favor de una "poesía entrometida", orientará parte su voz poética a un lado social, sin abandonar el estilo que comenzó con "Aquelarre en Madrid". Fruto de esta conciliación son también las voces de Antonio Moreno, Miguel Ángel Velasco, Luis Muñoz, Álvaro García, Lorenzo Oliván, Lorenzo Plana y Carlos Pardo, cada vez más abiertas al experimentalismo y a una relectura irónica de la vanguardia.
Por otro lado, recogiendo la herencia del realismo sucio, surge una poesía hastiada y desengañada que tiene como autores principales a Roger Wolfe y Pablo García Casado.
Una nueva tendencia, a quien parte de la crítica ha venido a denominar poesía de la conciencia, se forma en una poesía de fuerte raigambre social, alrededor tanto de los encuentros poéticos organizados en Moguer con el nombre de Voces del extremo como a través de diversos movimientos de izquierda anticapitalista. Autores en esta línea serían Antonio Orihuela, Isabel Pérez Montalbán, Jorge Riechmann, Antonio Méndez, David González y Enrique Falcón.
Un nuevo milenio La poesía más reciente se mueve en muy diversos frentes sin que se pueda hablar en ningún caso de una escuela predominante. Incluso dentro de cada grupo las diferencias son enormes y en muchos casos un poeta se puede adscribir a varios de ellos.
Se produce en algunos poetas una vuelta al tratamiento de los temas humanos y sociales con un tono grave pero con leves cesiones a la ironía, (Ana Isabel Conejo, José Daniel García, Vanesa Pérez-Sauquillo, Mariano Peyrou,Julia Piera, Miriam Reyes, Ben Clark, Julieta Valero, David Leo García o Martín López-Vega). En una línea también humana y social, pero añadiendo un tono expresionista y existencial se situaría Julio Mas Alcaraz. Otros poetas se adscriben de alguna manera a la herencia del culturalismo ( Juan Carlos Abril, Juan Antonio Bernier, Rafael Espejo, Abraham Gragera, Antonio Portela, José Luis Rey y Alberto Santamaría) o, en menor medida, Elena Medel. Algunos poetas escriben una poética confesional centrada en el yo poético. Ejemplos serían Alfonso Berrocal o Pablo Méndez. Existe por otra parte una cierta recuperación del purismo en la órbita de José Ángel Valente y Ada Salas: Marcos Canteli, Jordi Doce, Fruela Fernández y Ana Gorría. Un nuevo grupo sería el denominado "lanzarotistas", moderados por Sánchez Robayna, grupo en el que destaca Rafael-José Díaz. Y finalmente se puede hablar de un grupo de poetas continuadores de la herencia rilkeana, con antecedentes en Claudio Rodríguez y Vicente Valero: Javier Cánaves, Javier Cano, José Antonio Gómez Coronado o Javier Vela.
En definitiva, postmodernismo y eclecticismo en un grupo extraordinariamente heterogéneo.

Generación del 27

La denominada Generación del 27 fue una constelación de autores que surgió en el panorama cultural español alrededor del año 1927, en que se conmemoró el tricentenario de la muerte del poeta barroco Luis de Góngora. Estos autores aprovecharon esta fecha para reivindicar la poesía que este autor compuso en la última época de su vida (Culteranismo), desprestigiada por la crítica decimonónica. Tanto escritores como profesores e intelectuales celebraron en homenaje a Góngora una serie de actos (conferencias, etc.) en el Ateneo de Sevilla en ese año que se ha venido a considerar el acta fundacional del grupo.
Denominación La denominación de generación ha sido discutida, pese a lo cual ha sido llamada también, aunque con menos éxito, Generación de la Dictadura, Generación Guillén-Lorca (nombres del más viejo y más joven de sus autores), Generación de 1925 (media aritmética de la fecha de publicación del primer libro de cada autor), Generación de las Vanguardias, Generación de la amistad, Generación de la República etc. El concepto de generación es estrictamente historiográfico y no cumple todos los requisitos exigidos por Petersen para considerarla como tal; sería más exacto aludir a un "grupo generacional", "constelación" de autores o "promoción" poética. Donde las características de Petersen son: que no tuvieran más de quince años entre los componentes del grupo; que tuvieran en común algún hecho histórico importante (ellos tenían la Guerra Civil); que tuvieran la misma educación... por ejemplo Rafael Alberti: más bien que "generación 27", prefería hablar de "generación de la República", "puesto que se había formado muy libremente", coincidiendo con la lucha contra el franquismo. "
La delimitación del grupo La nómina habitual del grupo poético del 27 se limita a diez autores, pero hubo también muchos otros que de algún modo estuvieron en la órbita del 27, algunos más viejos, como Fernando Villalón, José Moreno Villa o León Felipe, y otros más jóvenes, como Miguel Hernández. Por otra parte algunos otros han sido olvidados por la crítica, como Juan Larrea, Pepe Alameda, cronista taurino y poeta, Mauricio Bacarisse, Juan José Domenchina, José María Hinojosa, José Bergamín o Juan Gil-Albert. O la conocida como Otra generación del 27, según la denominación que le dio uno de sus integrantes, José López Rubio, la formada por los humoristas discípulos de Ramón Gómez de la Serna, es decir, Enrique Jardiel Poncela, Edgar Neville, Miguel Mihura y Antonio de Lara, "Tono", los escritores que en la posguerra integraron la redacción de La Codorniz... y son sólo unos pocos.
Por otra parte no toda la producción literaria del 27 está escrita en castellano; algunos de ellos son autores de textos literariamente estimables en otros idiomas, como Salvador Dalí u Óscar Domínguez, que escribieron en francés, o en inglés, como Felipe Alfau, y algunos escritores y artistas extranjeros tuvieron también mucho que ver en esta estética, como Pablo Neruda, Vicente Huidobro, Jorge Luis Borges o Francis Picabia.
También es preciso deshacer la idea de que la Generación del 27 fue un fenómeno exclusivamente madrileño, como una crítica demasiado localista (y localizada) parece empeñarse en señalar, sino una constelación de núcleos creativos repartidos a lo largo de toda la geografía nacional y estrechamente entrelazados. Los más importantes se concentraron en Sevilla (en torno a la revista Mediodía), Canarias (en torno a la Gaceta de Arte) y en Málaga (en torno a la revista Litoral); sin descontar otros muchos de menor afiliación pero de no menor importancia en Galicia, Cataluña y Valladolid, por ejemplo.
Revistas Su documento de entrada en la tradición literaria fue sin duda la primera edición de la Antología preparada por Gerardo Diego en 1932. Por otra parte, se hicieron notar publicando en revistas como La Gaceta Literaria dirigida por Ernesto Giménez Caballero, en Cruz y Raya (1933), dirigida por José Bergamín, en Litoral, impresa por Manuel Altolaguirre y Emilio Prados en Málaga desde 1926; Carmen, creada en Santander (1927) por Gerardo Diego y con un suplemento festivo, Lola; en Verso y prosa (1927), de Murcia; Mediodía (Sevilla); Meseta, de Valladolid; en Revista de Occidente, cuya editorial imprime varios libros del grupo; en Caballo verde para la poesía (1935), dirigida por Pablo Neruda, y en Octubre, dirigida por Rafael Alberti.
Estética y evolución Su sentido de belleza y armonía intentó hallar los elementos comunes entre tradición literaria culta y popular española y las vanguardias estéticas europeas y españolas y evolucionó desde la poesía pura, las Vanguardias deshumanizadas (Futurismo, Cubismo, Ultraísmo, Creacionismo, véase Deshumanización del arte) y la gélida metáfora gongorina al compromiso humano que supuso la revelación del Surrealismo e incluso el compromiso político (caso de Alberti), para después dispersarse la mayoría en el exilio exterior e interior tras la Guerra Civil del siglo XX. En cuanto a métrica se reduce el caudal estrófico modernista y, por el contrario, se enriquecen las fórmulas expresivas fundamentalmente a través de procedimientos expresivos como la imagen visionaria, el cultivo del verso libre y el versículo y la llamada poesía impura preconizada por Pablo Neruda. Se renueva y moderniza el repertorio temático y se desanquilosa y libera definitivamente el lenguaje poético encorsetado por la preceptiva decimonónica.
Las características estéticas generales de la Generación del 27 aparecen muy bien sintetizadas en el libro de Vicente Gaos Antología del Grupo Poético de 1927 (Ed. Cátedra):
Afán de originalidad e innovación, que cuenta con antecedentes en el Romanticismo.
Hermetismo (que dificulta su comprensión, se huye de la referencia exacta).
Autosuficiencia del arte (pureza, autenticidad).
Antirrealismo y antirromanticismo (el poema no debe significar, sino meramente ser; por otra parte, se rehúye el subjetivismo romántico).
Surrealismo (incoherencia lógica, importancia del subconsciente y de los sueños).
Intranscendencia (despreocupación, renuncia a la responsabilidad con la realidad extraartística y al moralismo).
Predominio de la metáfora.
Escritura onírica, relacionada con el surrealismo.
Atomización (desintegración, ruptura de nexos lógicos).
Instituciones La mayoría de estos autores, principalmente líricos, entraron en contacto con la tradición literaria a través del Centro de Estudios Históricos dirigido por el padre de la filología española, Ramón Menéndez Pidal, y con las Vanguardias a través de los viajes, la divulgación llevada a cabo por Ramón Gómez de la Serna y otros novecentistas y, sobre todo, las actividades y conferencias programadas por la Residencia de Estudiantes, institución inspirada en el Krausismo de la Institución Libre de Enseñanza y dirigida por Alberto Jiménez Fraud.
Historiografía sobre el 27 Por otra parte, y para reconstruir la memoria viva de lo que se ha venido a llamar la Edad de Plata, hay que leer una serie de libros de memorias escritos por diversos autores más o menos vinculados a esta promoción. La arboleda perdida, de Alberti, por ejemplo. Es también el caso de Pablo Neruda, quien por entonces vino a Madrid y reforzó el grupo surrealista con algunas de sus contribuciones, en particular con la edición de su libro Residencia en la tierra I y II y que en sus dos libros de memorias, Confieso que he vivido y Para hacer he nacido, dio testimonio y noticias sobre las actividades del grupo durante esos años y el exilio posterior, en particular sobre Lorca y Alberti. Los encuentros, de Vicente Aleixandre, narra las primeras veces que vio a cada una de las figuras relevantes de la generación; Mi último suspiro, de Buñuel, publicado primitivamente en francés, incluye numerosas anécdotas sobre los poetas del 27, etc.
Las corrientes del 27 En realidad, la llamada generación del 27 fue un grupo poco homogéneo; habitualmente se les ha solido ordenar por parejas o tríos. Así, por ejemplo, los poetas del Neopopularismo o neopopularistas, Rafael Alberti y Federico García Lorca, dentro de una nómina que fue particularmente bien nutrida, intentan acercarse a la poesía de Gil Vicente y del Romancero, o a la lírica cancioneril, buscando fuentes populares y en el folclore de la lírica tradicional; algo de ello hay también en la aproximación que hizo Gerardo Diego, después de su etapa Creacionista, a la lírica de Félix Lope de Vega gracias a la edición que hizo en ese tiempo José Fernández Montesinos.
Por otra parte, hay dos catedráticos de Filología hispánica que comparten intereses comunes y que incluso fueron amigos y tuvieron trayectorias muy parecidas, pues no en vano su poética es fundamentalmente afirmativa y optimista; se trata de Jorge Guillén, toda cuya obra poética se recoge bajo el título Aire nuestro y está marcada por la poesía pura a lo Paul Valéry y formada por cinco libros (Cántico, Clamor, Homenaje, ...Y otros poemas y Final) y Pedro Salinas, el gran poeta del amor del 27.
El grupo surrealista está más nutrido, pero destaca especialmente el premio nobel Vicente Aleixandre, seguramente el más original, ya que, según Cernuda, "su verso no se parece a nada", y el que ha venido a ser el poeta más influyente de la generación durante la última mitad del siglo XX, el ya citado Luis Cernuda. Sin embargo, hubo otros poetas del 27 que notaron el impacto surrealista y que poseen etapas en su evolución marcadas por esta estética: Rafael Alberti, por ejemplo, compuso la última sección de Sobre los ángeles y Sermones y moradas en versículo surrealista y Federico García Lorca asimiló su impacto en Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, Poeta en Nueva York y los Sonetos del amor oscuro. Una etapa surrealista posee, por ejemplo, José María Hinojosa con su La flor de Californía (con acento en la i) y Emilio Prados.
Son éste último y Manuel Altolaguirre quienes constituyen el llamado grupo de Málaga o de los poetas presuntamente menores, constituido alrededor de la revista Litoral editada por Altolaguirre y su colección de libros poéticos. Dámaso Alonso y Gerardo Diego vienen a ser, por otra parte, el llamado grupo de los que se quedaron en España, de mala gana y pasando algunos apuros el primero y más a gusto el segundo, y más o menos pactaron con el régimen victorioso en la Guerra Civil (Alonso, que se consideró a sí mismo dentro de la Generación del 27 como crítico, pero dentro de la primera generación de posguerra como poeta) o lo apoyaron abiertamente (Diego). Este último realizó una larga trayectoria poética donde combinó a la vez tradición y vanguardia, muy variada en su temática (desde el toreo a la música y las inquietudes religiosas, el paisaje y los contenidos existenciales); sin embargo, algunos se quedaron ignorados por el régimen, viviendo en un llamado exilio interior (Juan Gil-Albert) o convirtiéndose de hecho en maestro y guía de toda una nueva generación de poetas -Vicente Aleixandre-.

Generación del 98

Generación del 98
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La Generación del 98 es el nombre con el que se ha agrupado tradicionalmente a un grupo de escritores, ensayistas y poetas españoles que se vieron profundamente afectados por la crisis moral, política y social acarreada en España por el desastre de la pérdida de Cuba, Puerto Rico y las Filipinas en 1898. Todos nacen entre 1864 y 1875.
Se inspiraron en la corriente de crítica del canovismo denominada regeneracionismo y ofrecieron una visión artística en conjunto en La generación del 98. Clásicos y modernos.
Estos autores comenzaron a escribir en una vena juvenil hipercrítica e izquierdista que más tarde se orientará a una concepción tradicional de lo viejo y lo nuevo. Pronto, sin embargo, siguió la polémica: Pío Baroja y Ramiro de Maeztu negaron la existencia de tal generación, y más tarde Pedro Salinas la afirmó, tras minucioso análisis, en sus cursos universitarios y en un breve artículo aparecido en Revista de Occidente (diciembre de 1935), siguiendo el concepto de "generación literaria" definido por Peterson; este artículo apareció luego en su Literatura española. Siglo XX, 1949.
José Ortega y Gasset distinguió dos generaciones en torno a las fechas de 1857 y 1872, una integrada por Ganivet y Unamuno y otra por los miembros más jóvenes. Su discípulo Julián Marías, utilizando el concepto de "generación histórica", y la fecha central de 1871, estableció que pertenecen a ella Unamuno, Ángel Ganivet, Valle-Inclán, Jacinto Benavente, Carlos Arniches, Vicente Blasco Ibáñez, Gabriel y Galán, Manuel Gómez Moreno, Miguel Asín Palacios, Serafín Álvarez Quintero, Pío Baroja, Azorín, Joaquín Álvarez Quintero, Ramiro de Maeztu, Manuel Machado, Antonio Machado y Francisco Villaespesa.
La crítica al concepto de generación fue realizada inicialmente por Juan Ramón Jiménez en un curso dictado en los años 50 en la Universidad de Puerto Rico (Río Piedras), y luego por un importante grupo de críticos que va desde Federico de Onís, Ricardo Gullón, Allen W. Phillips, Yvan Shulman, y termina con las últimas aportaciones de José Carlos Mainer y Germán Gullón, entre otros. Todos ellos han puesto en duda la oposición del concepto de generación del 98 y de Modernismo.
Tabla de contenidos [ocultar]
1 Nómina
2 Centros de reunión
3 Revistas
4 Libros de memorias
5 Características
6 Contexto histórico
7 Análogos europeos
8 Bibliografía
9 Véase también
10 Enlaces externos
Nómina Entre los integrantes más significativos de este grupo podemos citar a Ángel Ganivet, Miguel de Unamuno, Enrique de Mesa, Ramiro de Maeztu, Azorín, Antonio Machado, los hermanos Pío y Ricardo Baroja, Ramón María del Valle-Inclán y el filólogo Ramón Menéndez Pidal. Algunos incluyen también a Vicente Blasco Ibáñez, que por su estética puede considerarse más bien un escritor del Naturalismo, y también al dramaturgo Jacinto Benavente. No debe incluirse a José Ortega y Gasset, que es considerado casi unánimemente como perteneciente al Novecentismo.
Artistas de otras disciplinas pueden también considerarse dentro de esta estética, como por ejemplo los pintores Ignacio Zuloaga y Ricardo Baroja, también escritor este último. Entre los músicos destacan Isaac Albéniz y Enrique Granados.
La mayoría de los textos escritos durante esta época literaria se produjeron en los años inmediatamente posteriores a 1910 y están siempre marcados por la autojustificación de los radicalismos y rebeldías juveniles (Machado en los últimos poemas incorporados a Campos de Castilla, Unamuno en sus artículos escritos durante la I Guerra Mundial o en la obra ensayística de Pío Baroja).
Centros de reunión Benavente y Valle-Inclán presidían tertulias en el Café de Madrid; la frecuentaban Rubén Darío, Maeztu y Ricardo Baroja. Poco después Benavente y sus seguidores se fueron a la Cervecería Inglesa, mientras que Valle-Inclán, los hermanos Machado, Azorín y Pío Baroja tomaban el Café de Fornos. El ingenio de Valle-Inclán le llevó luego a presidir la del Café Lyon d'Or y la del nuevo Café de Levante, sin duda alguna la que congregó a mayor número de participantes.
Revistas Los autores del 98 se agruparon en torno a algunas revistas características. Don Quijote (1892-1902), Germinal (1897-1899), Vida Nueva (1898-1900), Revista Nueva (1899), Juventud (1901-1902), Electra (1901), Helios (1903-1904) y Alma Española (1903-1904).
Libros de memorias No fueron muy aficionados los autores del 98 a hablar de sus compañeros. Pío Baroja dejó bastantes recuerdos de ellos en dos libros de memorias, Juventud, egolatría y Desde la última vuelta del camino. Ricardo Baroja hizo lo propio en Gente del 98. Unamuno dejó varios textos autobiográficos sobre su juventud, pero pocos sobre su edad madura.
Características Los autores de la generación mantuvieron, al menos al principio, una estrecha amistad y se opusieron a la España de la Restauración; Pedro Salinas ha analizado hasta qué punto pueden considerarse verdaderamente una generación historiográficamente hablando. Lo indiscutible es que comparten una serie de puntos en común:
Friedrich Nietzsche. Fotografía de Gustav Schultze. Nietzsche fue una influencia importante para muchos escritores del 98.1. Distinguieron entre una España real miserable y otra España oficial falsa y aparente. Su preocupación por la identidad de lo español está en el origen del llamado debate sobre el Ser de España, que continuó en las siguientes generaciones.
2. Sienten un gran interés y amor por la Castilla miserable de los pueblos abandonados y polvorientos; revalorizan su paisaje y sus tradiciones, su lenguaje castizo y espontáneo. Recorren las dos mesetas escribiendo libros de viajes y resucitan y estudian los mitos literarios españoles y el Romancero.
3. Rompen y renuevan los moldes clásicos de los géneros literarios, creando nuevas formas en todos ellos. En la narrativa, la nivola unamuniana, la novela impresionista y lírica de Azorín, que experimenta con el espacio y el tiempo y hace vivir al mismo personaje en varias épocas; la novela abierta y disgregada de Baroja, influida por el folletín, o la novela casi teatral de Valle-Inclán. En el teatro, el esperpento y el expresionismo de Valle-Inclán o los dramas filosóficos de Unamuno.
4. Rechazan la estética del Realismo y su estilo de frase amplia, de elaboración retórica y de carácter menudo y detallista, prefiriendo un lenguaje más cercano a la lengua de la calle, de sintaxis más corta y carácter impresionista; recuperaron las palabras tradicionales y castizas campesinas.
5. Intentaron aclimatar en España las corrientes filosóficas del Irracionalismo europeo, en particular de Friedrich Nietzsche (Azorín, Maeztu, Baroja, Unamuno), Arthur Schopenhauer (especialmente en Baroja), Sören Kierkegaard (en Unamuno) y Henri Bergson (Antonio Machado).
6. El pesimismo es la actitud más corriente entre ellos y la actitud crítica y descontentadiza les hace simpatizar con románticos como Mariano José de Larra, al que dedicaron un homenaje.
7. Ideológicamente comparten las tesis del Regeneracionismo, en particular de Joaquín Costa.
Por un lado, los intelectuales más modernos, secundados a veces por los propios autores criticados, sostenían que la generación del 98 se caracterizó por un aumento del egotismo, por un precoz y morboso sentimiento de frustración, por la exageración neorromántica de lo individual y por su imitación servil de las modas europeas del momento.
Por otra parte, para los escritores de la izquierda revolucionaria de los años treinta, la interpretación negativa de la rebeldía noventayochesca se une a una fundamentación ideológica: el espíritu finisecular de protesta responde al sarampión juvenil de un sector de la pequeña burguesía intelectual, condenado a refluir en una actitud espiritualista y equívoca, nacionalista y antiprogresiva. Ramón J. Sender mantenía todavía en 1971 la misma tesis (aunque con supuestos diferentes).
Los problemas a la hora de definir a la generación del 98 siempre han sido (y son) numerosos ya que no se puede abarcar la totalidad de experiencias artísticas de una extensa trayectoria temporal. La realidad del momento era muy compleja y no permite entender la generación basándose en la vivencia común de unos mismos hechos históricos (ingrediente básico de un hecho generacional). Esto se debe a un triple motivo:
La crisis política de finales del siglo XIX afectó a bastantes más escritores que los englobados en la generación del 98.
No se puede restringir la experiencia histórica de los autores nacidos entre 1864 y 1875 (fechas de nacimiento de Unamuno y Machado) al resentimiento nacionalista producido por la pérdida de las colonias. Se afianzaba además por aquellos años en España una comunidad social y económica casi moderna.
El auge del republicanismo y la pugna anticlerical (1900-1910), así como importantes huelgas, sindicalismo, movilizaciones obreras o atentados anarquistas.
Sin embargo cabe preguntarse, ¿cómo es que la generación del 98 no tomó nombre del Modernismo, ya que surgen paralelamente y persiguen metas parecidas?
Contexto histórico Los años comprendidos entre 1875 y 1898 son de hastío creativo debido al proyecto de la Restauración de Cánovas. Cuando España pierde en 1898 las colonias la sociedad vuelve a poner el dedo en la llaga de la Revolución de la Gloriosa.
El grupo de comentaristas intelectuales del desastre del 98 gravitaban alrededor de los 50 años de edad y sus perspectivas profesionales habían alcanzado su cima (o estaban haciéndolo). Los más viejos se acercan a la edad de Galdós y los más jóvenes a la de Unamuno. Esto significa, en contraste con la generación del 98, que se habían formado espiritualmente en los tiempos de la Revolución de Septiembre.
Lo importante de considerarlos en conjunto es el hecho de que han vivido dos épocas emocional e intelectualmente distintas.
La revolucionaria: efervescencia ideológica, afán de reforma y confianza en la virtud correctora de los programas políticos.
La restauradora: atonía de los espíritus, el apocamiento con que se abordan ineludibles problemas, la sospecha que inspira toda idea de cambio y la creciente desconfianza en la política vigente.
Se trata pues de hombres doblemente engañados ya que vieron fracasar dos estructuras políticas de cariz contradictorio (Revolución y Restauración). De estos dos experimentos políticos los intelectuales del 98 sacaron una misma conclusión: la urgencia de buscar en zonas de pensamiento y actividad ajenas a la política los medios de rescatar a España de su progresiva catalepsia [muerte aparente].
La primera repulsa intelectual tuvo lugar en los albores de la Restauración. En 1876 Francisco Giner de los Ríos funda la Institución Libre de Enseñanza. Su tarea constituye el repudio indirecto de la enseñanza oficial, probadamente ineficaz e insuficiente en aquélla época, y sujeta a la agobiante tutela de los intereses políticos y religiosos.
Se planteó entonces el problema de la personalidad histórica de España (así como lo hiciesen en Francia poco antes tras la derrota de Sedán). Unamuno estudió el casticismo, Ricardo Macías Picavea la pérdida de la personalidad, Rafael Altamira la psicología del pueblo español, Joaquín Costa la personalidad histórica de España…
Análogos europeos Los autores noventayochescos tienen evidentes paralelos europeos:
El quietismo de Unamuno remite a los problemas vividos por André Gide.
El teatro galaico de Valle-Inclán parece resonar en el teatro irlandés de los años 20.
Azorín reúne la sensibilidad reaccionaria para el pasado cultural (típica de Italia) y teatral.
El periodismo en tanto práctica literaria habitual y la condición intelectual en tanto talante personal desarrollan una nueva modalidad ensayística, ajustada a una temática en la que la evocación o lo confesional enmarcan temas de reflexión muy característicos.
La crisis de la novela o del teatro son vividas con peculiar intensidad en la nivola unamuniana, el desmoronamiento del relato en Azorín o por la peculiar teoría narrativa de Baroja.

Rafael Landívar

Este poeta guatemalteco tuvo que cantar a su patria desde el destierro, pero llegó a tener validez universal. Nació en 1731 en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala.
Este poeta guatemalteco tuvo que cantar a su patria desde el destierro, pero llegó a tener validez universal. Nació en 1731 en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala.
Estudió en la Universidad Real y Pontificia de San Carlos, en donde se graduó de doctor en filosofía a la edad de 16 años. Se trasladó a México en 1749 para ingresar a la orden religiosa de la Compañía de Jesús, y se ordenó sacerdote en 1755.
Cuando regresó a Guatemala, se desempeñó con rector del colegio San Borja, y en 1767 fue desterrado por el Rey Carlos III, junto con todos sus compañeros de orden. Se fué a México primero, y luego a Europa, instalándose en Bolonia, Italia.
Fue ahi donde escribió su célebre libro "Rusticatio Mexicana" (Por los campos de México), que fue escrito en latin, al igual que su "oración fúnebre" en la muerte del Obispo Figueredo y Victoria, benefactor de la Compañía de Jesús.
Murió el 27 de septiembre de 1793, en Bolonia, en donde fue sepultado en la iglesia de Santa María delle Muratelle.
En 1950 sus restos fueron encontrados y repatriados, descansando hoy en Antigua Guatemala.

Bernal Díaz del Castillo

Bernal Díaz del Castillo (Medina del Campo, España, 1492- Guatemala, 1584). Conquistador español y cronista de Indias.
Biografía Bernal Diaz del Castillo acompañó la expedición de Hernán Cortés y fue cronista de Indias. Participó y narró la Conquista de México. Viajó en 1514 al Nuevo Mundo en la expedición de Pedro Arias Dávila, que había sido nombrado un año antes gobernador de Castilla del Oro. En esos tiempos, era un joven de más de veinte años de edad, de baja instrucción escolar y que no contaba con riqueza en su tierra natal.
Al parecer estuvo con éste algún tiempo en la zona del istmo de Panamá. De allí viajó a la recién conquistada Cuba, donde gobernaba Diego Velázquez de Cuéllar, quien le ofreció, al igual que a otros españoles, indios en encomienda, lo que nunca se cumplió, permaneciendo dos años en donde no se le presentó ninguna situación ventajosa para sus intereses.
La población aborigen de la isla se agotaba debido a las epidemias y trabajos forzados a los que no estaban acostumbrados. Con el objetivo de capturar indios, para luego venderlos como esclavos en Cuba, el gobernador de la isla organizó una exploración hacia las otras pequeñas islas del Caribe. En ese viaje realizado en 1517 se alistó Bernal, bajo las órdenes del capitán Francisco Hernández de Córdoba. Fue en ese año cuando tuvo sus primeros contactos con el vasto territorio que más tarde se llamaría Nueva España. En esa expedición exploraron las costas de Yucatán donde pudo percatarse de la existencia de ciudades en la misma. Después de penosas y peligrosas travesías, regresando a Cuba en condiciones desastrosas.
Monumento a Bernal Díaz del Castillo en Medina del CampoAl año siguiente, Bernal embarcó, en esta ocasión bajo el mando de Juan de Grijalva para explorar las tierras descubiertas. Por segunda vez retornó a Cuba.
Su entrada definitiva en México tuvo lugar en 1519, cuando se embarcó en la expedición capitaneada por Hernán Cortés. Hallándose bajo las órdenes directas de Pedro de Alvarado, tomó parte en no pocos de los principales hechos de la conquista del Imperio azteca. Hombre dotado de una memoria extraordinaria, habría de recordar muchos años después todos esos episodios y decidió ponerlos por escrito. Ello ocurrió cuando se hallaba ya en Guatemala, en donde contrajo matrimonio en 1544 con Teresa Becerra, hija de quien había sido uno de los conquistadores y alcalde ordinario de Guatemala. Díaz del Castillo hizo dos viajes a España en demanda de mercedes, en el segundo de los cuales participó en la famosa Junta de Valladolid que, sobre la esclavitud de los indios, perpetuidad de encomiendas y tributos, se celebró en 1550 (enfrentándose los argumentos contrarios de Bartolomé de las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda). De regreso en Guatemala, al no lograr que el presidente de la audiencia satisficiera lo que pretendía haber obtenido en España, prosiguió en su lucha por los que creía ser derechos inherentes a sus méritos de conquistador.
Elegido regidor de la ciudad de Guatemala, concurrió a las sesiones del cabildo según lo muestran las actas suscritas por él. Hay indicios para afirmar que hacia 1557 había empezado a escribir su crónica sobre la conquista de México. Alonso de Zorita, que fue oidor de la Audiencia de los Confines y anduvo por tierras de Guatemala desde la primavera de 1553 a fines de abril de 1557, dice en su Historia de Nueva España:
Bernaldo Díaz del Castillo, vecino de Guatemala, donde tiene un buen repartimiento, y fue conquistador de aquella tierra, y en Nueva España y en Guacacinalco, me dixo estando yo por oidor de la Real Audiencia de los Confines que reside en la ciudad de Santiago de Guatemala, que escribía la historia de aquella tierra, y me mostró parte de lo que tenía escrito; no sé si la acabó, ni si ha salido a luz.
Revisando su obra una y otra vez, la dio al fin por concluida en 1575. Intitulada Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, incluye un vívido, épico y movido relato de los principales acontecimientos de ella, desde su comienzo hasta la caída de Tenochtitlán y otros aconteceres que a ella siguieron. Díaz del Castillo falleció en Guatemala en 1584. Sus restos se encuentran sepultados en las criptas principales de la Catedral (hoy en ruinas) de la Ciuidad de Antigua Guatemala (originalmente Santiago de los Caballeros de Guatemala).
Díaz del Castillo fue testigo y actor de los principales sucesos de la caída de las grandes civilizaciones mesoamericanas, escapando milagrosamente de la muerte. El mismo dice "... ningún capitán ni soldado pasó a esta Nueva España tres veces arreo, una tras otra, como yo; de manera que soy el más antiguo descubridor y conquistador que ha habido ni hay en la Nueva España...", por lo que parece la persona más autorizada para contar la epopeya del siglo XVI, toda vez que
De quinientos cincuenta soldados que pasamos con Cortés desde la isla de Cuba no somos vivos en toda la Nueva España de todos ellos, hasta este año de mil quinientos setenta y ocho, que estoy trasladando esta mi relación, sino cinco.
Bernal conversaba frecuentemente con sus compañeros de armas sobre el tema de la conquista de la Nueva España; ese continuo evocar los acontecimientos fue formándole algunas ideas que más tarde dieron lugar a un conjunto de narraciones. Recurre a sus recuerdos, reforzados por los de sus compañeros, y por eso su obra puede ser considerada como colectiva, lo que no la exime de elementos subjetivos.
Obra En su Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España advierte que no sabe latín ni fue a la universidad, pero eso no era impedimento, porque:
Lo que yo vi y me hallé en ello peleando, como buen testigo de vista yo lo escribiré, con la ayuda de Dios, muy llanamente, sin torcer ni una parte ni otra....
Su obra, en efecto, está constituida por lo que vio y en ella plasma su experiencia personal, con el propósito de reivindicar el papel que en la conquista tuvieron las personas que como él ayudaron a personajes de mayor nota a conquistar una celebridad derivada más que nada de historiadores afectos a protagonismos singulares, como Gomara, de forma que oscurecieron el papel fundamental que ejerció la masa sencilla de los soldados, sin cuya consulta y apoyo nada podría haberse hecho. Bernal, pues, reivindica el papel colectivo del pueblo castellano en la conquista:
Mi intento desde que comencé a hacer mi relación no fue sino para escribir nuestros heroicos hechos e hazañas de los que pasamos con Cortés, para que agora se vean y se descubran muy claramente quiénes fueron los valerosos capitanes y fuertes soldados que ganamos esta parte del Nuevo Mundo y no se refiera la honra de todos a un solo capitán; porque no hay memoria de ninguno de nosotros en los libros y memorias que están escritos, y sólo el marqués Cortés dicen en esos libros que es el que lo descubrió y lo conquistó, y los capitanes y soldados que lo ganamos quedamos en blanco, sin haber memoria de nuestra personas y conquistas, que por sublimar a un solo capitán quieren deshacer a muchos.
La Historia verdadera está escrita con una gran vivacidad y llaneza, y un gran aliento épico, de lo cual nace su mérito literario. El mismo lo indica:
Según nuestro hablar de Castilla la Vieja, y que en estos tiempos se tiene por más agradable, porque no van razones hermoseadas ni policía dorada, que suelen poner los que han escrito, sino todo a las buenas llanas, y que debajo de esta verdad se encierra todo bien hablar. (CCXII, p. 303)
En el transcurso de sus narraciones indica qué sucesos presenció, cuáles le contaron sus compañeros y cuáles conoció por papeles o escritos de otros. El motivo que le incitó a escribir fueron las inexactitudes de Francisco López de Gómara y su crónica, y reivindicar la conquista de México como empresa colectiva, donde tanto protagonismo como el que se imputó a Cortés debería haber correspondido también a sus hombres y principales capitanes; sus contemporáneos (Antonio de Solís, por ejemplo) entendieron, sin embargo, que lo que le movió fue una cierta envidia a Cortés. La Historia verdadera fue vertida al francés por el poeta parnasiano francés de origen dominicano José María de Heredia en tres volúmenes (1877-1878).

Literatura Hispanoamericana de la Colonia

Época colonial: siglos XVI-XIX La literatura de la época colonial de Guatemala está muy relacionada con la metrópoli española. Autores como Bernal Díaz del Castillo o Fray Bartolomé de las Casas, nacidos en España, vivieron durante un tiempo en Guatemala, por lo que suelen ser considerados como escritores guatemaltecos.
Los primeros escritores naturales de Guatemala que emplearon el idioma español en sus creaciones datan del siglo XVII. Entre ellos cabe mencionar a Sor Juana de Maldonado, a quien se considera la primera poetisa y dramaturga colonial de Centroamérica, o el historiador Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán.
El jesuita Rafael Landívar (1731-1793) es considerado como el primer gran poeta de Guatemala. Obligado a exiliarse por la orden del expulsión dictada por Carlos III, viajó a México primero, y a Italia después, donde falleció. Escribió originalmente en latín su Rusticatio Mexicana, de gran éxito, así como sus poesías de elogio al obispo Figueredo y Victoria.
En el campo de la poesía es de suma importancia el cultivo de formas poéticas tradicionales escritas para ser cantadas. Entre estas destaca especialmente el villancico destinado a los oficios de vísperas de las principales fiestas del año litúrgico. Esta era la única ocasión litúrgica en la que era permitido cantar en idiomas vernáculos, mientras todas las demás celebraciones eran exclusivamente en latín. En Guatemala como en todo el imperio español se compusieron sainetes, jácaras, tonadas, cantatas y villancicos sobre letras en castellano. Entre los autores de estos poemas, que fueron puestas en música por ellos mismos, sobresalen Manuel José de Quirós (ca. 1790-1765), Pedro Nolasco Estrada Aristondo, Pedro Antonio Rojas y Rafael Antonio Castellanos (ca. 1725-1791). Este último es uno de los más importantes en el mundo hispano y en la música de Guatemala.
Durante el siglo XVIII la literatura guatemalteca recibió la influencia del Neoclasicismo francés, como demuestran las obras didácticas y filosóficas de autores como Rafael García Goyena o Fray Matías de Córdoba.
Los Jesuitas El siglo XVIII se caracteriza por su espíritu crítico y su inclinación científica. Tanto Sigüenza y Góngora como Sor Juana inician este afán intelectual predominante en la Nueva España durante el siglo XVIII, en el que el interés social es superior al poético y al dramático. La gran fuerza económica, política y cultural que había adquirido la Compañía de Jesús, alrededor de 1700, entre las congregaciones religiosas establecidas en las Indias, ayuda en gran medida al auge de la actividad crítica. Introducen renovaciones importantes en el ambiente tradicional de la filosofía escolástica; se estudia a Descartes, Leibniz y Gassendi; al mismo tiempo, el contacto directo con sacerdotes extranjeros venidos de todas partes del mundo trae una fuerte corriente cultural que contribuye a adelantar considerablemente los estudios de la geografía y de la naturaleza americana.
En los colegios de jesuitas tiene lugar el movimiento humanista del siglo XVIII. Al seminario de Tepotzotlán llegan estudiantes de toda América, atraídos por el espíritu de renovación tanto en filosofía y en letras como en historia y en algunas disciplinas científicas. El restablecimiento del estudio de las lenguas griegas y latina, para el directo conocimiento de los clásicos, era la base para los estudios superiores. El ideal humanista se cifraba en alcanzar, mediante este conocimiento, la herencia de la cultura universal, y ella servía para fecundar el presente y alumbrar el porvenir, considerando que la madurez y el sentido verdadero de los valores culturales sólo pueden aprehenderse en función de lo clásico, fuente inagotable de inspiración y enseñanza.
A partir del advenimiento de los Borbones en España, cuyo régimen excesivamente centralizado no podía aceptar el amplio poder que había alcanzado la Compañía, se ahondan los conflictos entre los jesuitas y el Estado español, que culminan, en 1767, con la orden de expulsión de todos los dominios indianos dictada por Carlos III para los primeros. En un bando que aparece fijado en lugares visibles, en la capital de la Nueva España, el 26 de junio de 1767, el Virrey, marqués de Croix, informa a sus súbditos de las reales disposiciones; amenaza con la ejecución a los vasallos desobedientes que no respeten las “siempre justas resoluciones de su soberano”, y les recuerda que los súbditos de Su Majestad nacieron “para callar y obedecer y no para discurrir y opinar en los altos asuntos del gobierno”. Acatando la orden del rey, los jesuitas fueron desalojados de los colegios, misiones, iglesias y noviciados de la Colonia y se embarcaron hacia Italia, dejando a la sociedad americana sin la guía espiritual que estos representaban.
Un gran descontento se hizo patente en folletos, corridos y romances, por reacción contra la censura, y, al paso del tiempo, dio sus mejores frutos en el siglo XIX. Las medidas autoritarias y violentas, tomadas por el gobierno español contra los jesuitas aumentaron el sentimiento de rencor que alentaban desde el siglo XVI criollos y mestizos contra los privilegios de que disfrutaban los españoles peninsulares.
Aunque el apogeo de la latinidad es, sin duda, lo más característico de la época, los jesuitas refugiados en Italia dieron a sus obras ciertas modalidades que, reunidas, representan la síntesis del nuevo humanismo.
Al interés por los estudios clásicos se añade la exaltación de la patria mexicana. Son ellos los primeros que advierten cierta extrañeza que los separa de los españoles; es decir, se sienten diferentes y no se consideran, ni indios, ni españoles, sino simplemente mexicanos. Se aplican con fervor al estudio de las culturas indígenas y tratan de explicar aun las costumbres más reprobables de los indios desde el punto de vista religioso, como son los sacrificios humanos, alegando que prácticamente todas las naciones del mundo habían practicado en algún momento “semejantes sacrificios”. Se quejan contra el excesivo celo de misioneros y conquistadores, que destruyó valiosas manifestaciones de las culturas prehispánicas. Condenan la esclavitud tanto indígena como negra, porque es contraria al derecho divino y humano. Se inclinan por la nueva filosofía aceptando las teorías de Descartes, Galileo y Bacon. Consideran al filósofo como “ciudadano del mundo”. Vinculan en el pueblo el origen de la autoridad, que se funda en la naturaleza social del hombre.
A las circunstancias que determinaron la expulsión obedece el interés por describir, exaltar y explicar la patria lejana contemplada con nostalgia. Ella será el tema predominante de sus escritos y habrá que demostrar cómo sus abundantes productos naturales no han rendido los frutos justos, debido a la mala organización colonial. Todo esto se relaciona directamente con la búsqueda del espíritu nacional, pues no puede interpretarse de otro modo la inquietud que alienta la obra de Landívar, Sigüenza, Eguiara o Alzate por abarcar el conocimiento de lo más entrañable de la patria mexicana a través de sus riquezas espirituales y materiales.

Literatura europea

Literatura europea
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Página manuscrita del Libro de Buen AmorEl concepto de literatura europea se aplica al conjunto de manifestaciones literarias de carácter plurilingüe, orales y escritas, producidas en el ámbito geográfico de los países europeos desde la desaparición del Imperio Romano hasta la actualidad. De forma restrictiva delimita un ámbito literario específico dentro del marco más amplio de la “literatura occidental”, sobre todo en lo que se refiere al desarrollo de esta última en los siglos XIX y XX, donde otras literaturas occidentales como la estadounidense o la hispanoamericana han tenido un desarrollo independiente. En otro sentido, ha de superponerse al de las literaturas nacionales europeas tanto en su vertiente nacional-estatal, del tipo “literatura belga” o “literatura irlandesa” como en su vertiente nacional-lingüística, del tipo “literatura inglesa” o “literatura castellana”. “Literatura europea” delimita, por lo tanto, un ambito cultural homogéneo, Europa, y un lapso cronológico amplio, siglos VI al XX, en los que esquemas de pensamiento, modelos, temas, formas e influencias mutuas se originan, desarrollan, modifican y desaparecen don una continuidad fácilmente perceptible y clasificable. La perspectiva de una “literatura europea”, más allá de lenguas o de estados, como expresión del desarrollo colectivo de una cultura común, sin limitar los planteamientos anteriores, los unifica y generaliza y permite estudiarlos como un conjunto fuertemente cohesionado.
Tabla de contenidos [ocultar]
1 Orígenes
2 Desarrollo
2.1 Etapa constitutiva
2.2 Etapa clásica
2.3 Etapa disolvente
3 La situacion actual
4 Grandes autores y obras
4.1 Etapa constitutiva
4.2 Etapa clásica
4.3 Etapa disolvente
5 BIBLIOGRAFÍA
Orígenes El inicio de la literatura europea está ligado a un proceso histórico fundamental: la desaparición del Imperio Romano, que dio como resultado la creación de diversos reinos germanos en la Europa suroccidental a lo largo de los siglos V y VI d. C.
La fragmentación del Imperio Romano supuso la desaparición definitiva, tras varios siglos de decadencia, de la cultura antigua y, por lo tanto, en el ámbito literario que nos ocupa, la ruptura con la tradición grecorromana. En la misma línea, la aparición de los estados “bárbaros” –visigodos, francos, sajones, lombardos…-, con tradiciones literarias poco desarrolladas e incapaces de adaptarse a la superioridad cultural latina, potenció junto con la fragmentación lingüística de la Romania, la decadencia intelectual del Occidente europeo. Sólo la pervivencia de la Iglesia Romana funcionó como gozne entre el final del mundo antiguo y el inicio de la Edad Media, sobre todo porque, al ser el latín la lengua de la Iglesia, la lengua de Roma seguirá siendo un elemento unificador para la primera literatura que podemos llamar europea. Obras como las Etimologías de San Isidoro, escritas en la Hispania visigoda o los poemas religiosos de Venancio Fortunato, procedentes de la Galia franca, fueron leídos y difundidos por toda Europa durante esos siglos oscuros. Sin embargo, precisamente esta preeminencia del elemento religioso cristiano dentro de la cultura literaria de la Alta Edad Media, marcó una diferencia sustancial en la literatura medieval europea en relación con la literatura clásica del Imperio Romano.
Desarrollo
Etapa constitutiva
Página manuscrita del Cantar de los NibelungosLa Edad Media literaria en Europa se caracterizó por la convivencia de una literatura latina común, que recogió la mayor parte de la literatura culta, con una serie de literaturas vernáculas de ámbito más local, ligadas en origen a la oralidad pero que ya en la Baja Edad Media se convirtieron también en vehículos de cultura escrita.
En la Alta Edad Media la latinidad se había refugiado en la bibliotecas monacales. Ya hemos mencionado la Etimologías de San Isidoro y el mismo origen tienen obras de tanta difusión europea como el Liber Sancti Iacobi. Con la aparición de las Universidades a principios del siglo XIII, concebidas desde el inicio como establecimientos educativos bajo la supervisión del papado en Inglaterra (Oxford), Castilla (Salamanca), Francia (París) e Italia (Bolonia) pero también, posteriormente, en Polonia (Cracovia) o Suecia (Uppsala), el desarrollo del pensamiento abstracto europeo quedó ligado durante siglos al latín de los Estudios. Pero también encontramos manifestaciones literarias latinas medievales en otros géneros como la lírica (poesía goliardesca), la historia más o menos legendaria (Historia Regum Britanniae de Geoffrey de Monmouth) o el teatro para la lectura (Hroswitha de Gandersheim).
Pero a partir del siglo XI comienza a generalizarse en Europa la literatura en lenguas vernáculas, relacionadas inicialmente con la lírica oral popular (jarchas mozárabes, chansons de toile…) y, sobre todo, con las distintas tradiciones épicas germanas (Beowulf sajón, Chanson de Roland francesa, Hildebrandslied ostrogodo o eslavas (Cantar de Igor ruso). En este ámbito tienen especial valor las sagas medievales escandinavas, que llegaron a alcanzar en su limitado ámbito de difusión un alto nivel de desarrollo literario (Snorri Sturluson) que, sin embargo, quedó truncado tras la incorporación de esos países a la historia general de la cultura europea.
Ya en el siglo XIII estas dos líneas de creación literaria, en principio independientes, dieron lugar al desarrollo de los primeros géneros literarios cultos en lengua romance, en donde una lengua poética considerada especialmente apta para la expresión literaria era utilizada con un prestigio cultural casi similar al latín. Ese fue el caso inicialmente del provenzal (Guillermo de Aquitania) para la lírica o del francés para la narración épica (Chrétien de Troyes). A partir de aquí se estandarizaron en toda Europa modelos de expresión cultos para la lírica amorosa (cantigas de amor galaicoportuguesas, stilnovistas italianos, minnesänger alemanes…) y para la narración de aventuras en verso y en prosa (cantares de gesta, Nibelungenlied, ciclo artúrico…)
Mención aparte merece la literatura bizantina, en griego, única que mantuvo su propia tradición literaria sin rupturas significativas y, por lo tanto, no se vio sometida a la crisis que dio origen a la literatura europea. Se trata de una literatura compacta e independiente pero a la vez aislada, lo cual hizo que se viera truncada definitivamente con la desaparición del Imperio Bizantino en 1453.
Etapa clásica
Primera edición de Romeo y Julieta de ShakespeareA partir del siglo XV y tomando como punto de referencia modelos literarios italianos, se extendió por Europa una concepción nueva de la literatura basada en la idea de que el verdadero prestigio cultural sólo podía ser otorgado por el respeto a las normas de la cultura grecolatina antigua. A esta época se le conoce como Renacimiento y a partir de él, frutos directos de su evolución en el tiempo, surgieron el Barroco y el Neoclasicismo.
El Renacimiento se originó en la península itálica en torno al siglo XV gracias a la labor de los humanistas que, en su empeño por recuperar el esplendor del Imperio Romano rescataron sobre todo la lengua y las artes, entre ellas la literatura, de la Antigüedad. Tuvieron un papel especial en este campo tres escritores italianos: Dante, Petrarca y Boccaccio que mientras con sus obras latinas se convertían en paradigmas de escritores cultos –De volgare eloquentia, Africa y Genealogia deorum, respectivamente-, con sus obras en lengua romance sentaron las bases de la literatura culta europea de los siglos siguientes en el campo de la épica –Divina Comedia de Dante-, la lírica –Vita nuova de Dante y Canzoniere de Petrarca- y la narrativa –Decameron de Boccaccio. Estos modelos literarios se extendieron por Europa a lo largo del siglo XV –Laberinto de Fortuna de Juan de Mena en Castilla sobre el modelo de la Divina Comedia, Canterbury Tales de Chaucer en Inglaterra sobre el de Boccaccio- y se generalizaron en el XVI, sobre todo con el triunfo absoluto de la lírica de origen petrarquista: Garcilaso en España, Ronsard en Francia, Sidney en Inglaterra, Camôes en Portugal…
Otros dos géneros, sin embargo, la narrativa y el teatro, desarrollaron modelos originales al margen e incluso enfrentados a la tradición clásica. Así, en los siglos XVI y XVII nos encontramos con narraciones en prosa tan inclasificables como el Gargantúa de Rabelais o, sobre todo, el Quijote de Cervantes, que se convertirían posteriormente en el germen de la novela europea moderna. Por lo que al teatro respecta, la recuperación de los modelos antiguos fue lenta y poco fructífera en un primer momento, imponiéndose entretanto esquemas dramáticos desarrollados a partir del teatro popular medieval como la “commedia dell´arte” italiana y, más significativamente, los teatros nacionales inglés (Shakespeare) y español (Lope de Vega), de gran éxito en sus regiones de origen pero cuyas soluciones dramáticas sólo se generalizarían en Europa siglos más tarde.
En el siglo XVII el Barroco impuso una mayor complejidad en las formas y un cambio de perspectiva sobre determinados temas renacentistas pero no modificó su punto de partida original, referido a la excelencia de la cultura antigua como modelo a seguir. El Neoclasicismo, a su vez, iniciado en Francia en el siglo XVII y generalizado en toda Europa en el XVIII, insistió más aún en esa concepción vicaria de la literatura europea en relación con la grecolatina. Especial importancia tuvo esta dependencia en el ámbito del teatro: los modelos impuestos en Francia por el teatro de Racine y de Molière se expandieron durante todo el siglo siguiente modelando desde el teatro italiano de amplia tradición anterior (Goldoni) hasta los orígenes del teatro ruso (Lomonosov).
Por lo que a la literatura de pensamiento se refiere, el latín siguió siendo la lengua de referencia y la Universidad el ámbito de producción por excelencia. Desde el polaco Copérnico en Cracovia (De Revolutionibus Orbium Coelestium, 1543), hasta el inglés Newton en Cambridge (Principia mathematica, 1687), toda la nueva ciencia europea se desarrolló de acuerdo con esos patrones comunes, aunque también debe anotarse aquí que la publicación del Diálogo de Galileo en italiano en 1632 abrió las puertas de la literatura científica a las lenguas vernáculas. De ahí la importancia de la aparición de los Essais de Montaigne en 1580, que ofrecieron el modelo europeo para una literatura de expresión libre del pensamiento personal que, aunque no se desarrolló hasta varias décadas después, sigue siendo uno de los géneros fundamentales e identificativos de la literatura europea.
Etapa disolvente A principios del siglo XIX, durante las Guerras Napoleónicas, se generalizó en Europa un deseo de renovación social, artística y especificamente literaria cuya plasmación más evidente fue el desarrollo de una gran cantidad de literaturas “nacionales” en lenguas hasta entonces de escas prestigio cultural y circunscritas al ámbito del folclore local. Así, con diferentes logros pero un mismo denominador común, se van a desarrollar las literaturas rusa, húngara, danesa, polaca, finesa… En todas ellas los modelos se repiten, dando lugar al movimiento literario conocido como Romanticismo: la lírica, siguiendo el modelo de Lord Byron, se centra en la expresión egolátrica de los sentimiento personales, a lo que se añade la exacerbación de los sentimientos patrióticos; la narrativa busca, a la manera de Walter Scott, la recostrucción del pasado glorioso de la propia nación, y el teatro, siguiendo a Victor Hugo, recupera las propuestas anticlasicistas de los teatros inglés y español del siglo XVII. Por otra parte, las influencias mutuas entre las distintas regiones europeas se multiplican: Si la figura de Pushkin, en Rusia, no sería comprensible sin la existencia previa de Lord Byron, a finales del siglo XIX, autores rusos como Tolstoi fijarán las pautas para una renovación de la novela europea que tendrán influencia en toda Europa. Igualmente, el teatro escandinavo (Ibsen y Strindberg) va a ser el principal reformador de la escena europea a principios del siglo XX. Por ello, en la segunda mitad del siglo siguen sucediéndose movimientos literarios globales tanto en la novela (Realismo de Balzac, Galdós o Dostoievski) como en la lírica, aunque con nombres diferentes según el ámbito lingüístico de redacción: Simbolismo francés, Modernismo hispano, Prerrafaelitas ingleses…
En cualquier caso, la principal consecuencia del movimiento romántico para la evolución de la literatura europea fue la pérdida definitiva del prestigio de los modelos grecolatinos. Esto favoreció una mayor grado de libertad creativa, objetivo principal de los románticos, pero también el descrédito de los que habían sido los principales referentes de la literatura europea durante más de diez siglos. De ahí que el último gran momento cultural propiamente europeo fueran las Vanguardias a principios del siglo XX. Así, las Vanguardias deben ser entendidas como el punto de llegada de ese proceso de desvinculación de los orígenes y de predicación de la libertad absoluta que se había iniciado con el Romanticismo. También pueden considerarse como el canto del cisne de la cultura europea: la última y la más importante de sus aportaciones a la cultura mundial en la época contemporánea, justo antes de la destrucción de Europa en las dos Guerras Mundiales. Las Vanguardias, por otra parte, presentan el modelo perfecto de movimiento literario europeo: autores de todas las regiones de Europa (Maiakovski ruso, Marinetti italiano, Joyce irlandés, Breton francés, Tzara rumano…) que comparten proyectos culturales más allá de su lengua de expresión y de las tradiciones puntuales de sus países de origen. E igualmente, un lugar de origen para los conceptos creativos (Paris), que se difunden rápidamente a los más alejados centros de creación artística europea.
La situacion actual El estallido de la Primera Guerra Mundial marcó el inicio del fin de la situación de privilegio que Europa había tenido en el mundo desde el siglo XVI. A su vez, la gran catástrofe humanitaria que supuso la Segunda Guerra Mundial, junto con la debacle moral causada por los triunfos del fascismo y del comunismo en casi toda Europa provocaron el fin de la continuidad cultural europea y, por lo tanto, de su expresión literaria. De hecho, a lo largo del siglo XX sólo el existencialismo francés o el realismo soviético tuvieron una mínima amplitud literaria, si bien limitada a los países de la órbita capitalista o comunista, respectivamente, durante un espacio de tiempo inusualmente breve. En realidad, a lo largo de la segunda mitad del siglo la cultura popular anglosajona, principalmente estadounidense, ha ido ocupando todo el espacio cultural de Occidente, convirtiendo a Europa en una especie de apéndice relativamente marginal de su cultura. Así, la lírica popular vinculada a las canciones comerciales, el desarrollo de la “prosa espontánea” de la Generación Beat y hasta el triunfo del teatro musical en las últimas décadas del siglo XX en Europa son importaciones literarias cuyo epicentro se halla fuera de nuestro continente, en Nueva York o California.
A principios del siglo XXI no hay ninguna razón para pensar que este esquema cultural vaya a cambiar. Por un lado la debilidad política de la Unión Europea, mayor aún si cabe en el ámbito cultural donde, por ejemplo, aún no se ha comenzado siquiera a dar los primeros pasos para la redacción de una Historia de la Literatura Europea, y el cada vez mayor peso en todos los órdenes de la lengua inglesa, vehículo básico de la cultura estadounidense, permiten suponer que cada vez será más difícil que algún día Europa pueda volver a desarrollar algún movimiento cultural –y por lo tanto literario- propio.